domingo, 14 de marzo de 2010

“So catch me up”

Autor original: @behindthec
Traducción:
Aida Salrach
Redacción:
Eve Suárez
Publicado originalmente en
http://behindthec.livejournal.com/115252.html
Clasificación: +17





"So catch me up"
Capitulo unico.



Ryan entra el aparcamiento por la puerta del backstage en mitad del set de The Puget Sounds. Shane lo está esperando como prometió, apoyado en la pared de hormigón junto a la puerta con un cigarrillo cogido suavemente entre dos dedos. Lo apaga en la pared en cuanto ve el coche de Ryan, pero no hace ningún otro reconocimiento. En cuanto Ryan se acerca, puede ver la tan querida camiseta “Go Green” de Brendon extendida por el pecho de Shane, el símbolo de reciclaje ubicado dentro de una hoja de cannabis gigante; la camiseta que Brendon nunca le habría dejado a Ryan por miedo a que la perdiera. Ryan pierde la ropa compulsivamente. Es un trastorno legítimo, un destino que ni siquiera su preciado vestido con rosas eludió. Habría golpeado a Brendon de todas las maneras.

El pelo de Shane es más largo que cuando lo había visto por última vez; largo “de la manera que me gusta”, Brendon diría con un acento que sería medio en broma.

Tal vez Regan ha vuelto con su ex por un tiempo. Otra vez. Eso haría esta noche más fácil.

Consigue apagar el motor en cuanto el DJ anuncia “el tercer single de Panic!, ‘Oh Glory’.” Ryan se encoge de todas las maneras tangibles.

Todavía se siente como el Twilight Zone. Por supuesto, lo máximo que contribuyó él en el álbum fue un simple “Sí” cuando Brendon le envió la letra de “New Perspective” y le preguntó si tenía el permiso de Ryan para grabarlo, pero Ryan aún se siente expuesto cada vez que escucha una de las pistas. No tanto porque él estaba en ellas, sino porque todavía, de alguna manera, se siente responsable de ellas, como si fuera su propio trabajo el que iba a ser juzgado. Ego, joder, pero no puede evitarlo.

Sus manos se enfundan en su bolsillo trasero cuando sale del coche, considerando, sintiendo el ligero abultamiento del envoltorio de un preservativo y una pequeña botella de lubricante. La vida como una especie de estrella del rock le ha enseñado una lección muy importante: Por si acaso.

Mayormente se siente como rendirse antes, incluso de darse una oportunidad a él mismo de resistir, pero se siente como el ego, también, y eso se siente mejor; familiar. Fotos del conjunto han venido apareciendo por todas partes: Brendon compartiendo el micrófono con Crawford y el ritmo con Spencer, arrastrándose detrás de su kit de batería para golpear las pieles. Ryan todavía tiene que ver una foto donde alguno de ellos no esté sonriendo.

Entonces podría usar algo de ego.

Shane sonríe al acercarse a Ryan. Es un poco distante, un poco adolorido, su cara sigue atascada en el look que ha tenido desde hace un año, “lo sé todo sobre tú y Brendon y desearía no saberlo”, desde el gran golpe de salida. Muerte, impuestos y crisis melodramáticas.

—Hey. —Shane ofrece un brazo abierto y Ryan lo acepta, abrazándolo brevemente antes de que Shane llame a la puerta. Él no huele como Brendon, así que quizás no… pero quién sabe, Brendon probablemente tiene un olor completamente diferente ahora.

La puerta se abre, un tramoyista haciéndose a un lado para dejarlos entrar, y Shane mantiene su mano en el hombro de Ryan para guiarlo a través de las entrañas de los bastidores. Surrealista se siente como un cliché, así que Ryan va a seguir con lo jodidamente raro, mínimamente pretencioso pero pasablemente exacto. Es un lugar en que han tocado media docena de veces, una de las más agradables, y siempre favorita de Ryan. Está sólo a quince minutos conduciendo desde su vieja casa, y nunca olvidará el placer de poder dormir en su propia cama después de un show, los brazos entrelazados alrededor de la estructura compacta aplastándola con su pecho, el pelo oscuro haciendo cosquillas en la nariz de Ryan.

— ¿Qué haces en Las Vegas? —Pregunta Shane sin volverse cuando toman una esquina— Spencer no…

—Ah, estoy viendo a algunos amigos de secundaria — dice Ryan—, Fue un poco como de última hora. —Suena pobre incluso para él, pero Shane no tiene que saberlo.

—Supuse que esperaríais hasta que la gira pasase por L.A.

—Sí, me gustaría, sólo que Jon y yo vamos a estar de gira entonces, así que…

—Genial, ¿habéis firmado ya?”

—Hm, hubo unas cuantas personas con las que hemos estado hablando pero nada definido, aún no estamos seguros de con quién queremos ir.

No tiene que mencionar que en cada encuentro que había tenido lo había rechazado, por la creciente frustración de Eric y Jon. Ryan no hace bien el compromiso, no cuando ni siquiera está seguro de a lo que quiere comprometerse. Intenta recordar lo fácil que había sido de firmar su nombre al lado del de Brendon, Spencer y Brent, con Pete sonriendo junto a ellos. No puede.

—Brendon tiene una entrevista, la mitad antes del espectáculo y la otra mitad después — dice Shane parándose en una puerta etiquetada como Panic! Dressing Room.

Ryan mira la hoja blanca de papel, dándola al signo de exclamación un poco más de tiempo. Se ve realmente bien, feliz, y él no puede recordar la fuerte decisión que ellos (él) tomaron para quitarlo. DICKS RULE, CHICKS DROOL está garabateado debajo del texto impreso con un trozo afilado en la escritura infantil de Brendon, y en serio, cómo Ryan había olvidado que ellos acostumbraban a utilizar su signo del vestidor como su propia pizarra blanca, por tradición, llevándoselos todos los que decoraban junto a ellos cuando se marchaban. Bren probablemente tiene todavía la pila de ellos en algún lugar de esa caja en su casa. Algo en el pecho de Ryan se enciende, arde como el ácido y se esfuma, dejando tras de sí un dolor sordo que se hunde.

Spencer (según parece), él siempre y más leal defensor de Brendon, ha contribuido con un dibujo de dos pollas sonriendo y cogiéndose de las manos. Jesús. Ryan sabe que Brendon no tiene pensado en salir del armario dentro de unos cuantos años, pero si sigue así, no tendrá que hacerlo. No es que tenga algo que lo retenga ahora.

Ryan se pregunta qué otras normas han dejado ir, ahora que él no está por ahí diciéndoles que no sería bueno para la banda.

— Así que…—Shane se desvanece. — Tengo que ir a buscar a Zack.

— ¿Uh? Oh. Sí. Vale.

—Es bueno verte —Miente Shane, sonriendo brevemente antes de salir por el pasillo.

—A ti también. Gracias, tío.

Ryan se queda mirando a la puerta mientras sucesos que no le son familiares pasan alrededor de él sin darse cuenta. El sonido de un walkie-talkie atraviesa el aire, y la gente lleva guitarras apresuradamente con un propósito. Ryan reconoce una de ellas como la Fender favorita de Brendon y mira hacia otro lado.

Toma un respiro, preguntándose cuándo la vida lo jodió tan fuerte en el culo, lo suficiente para ponerlo nervioso por ver a Spencer. Empuja la puerta.

—Tío, eso no es totalmente lo que ella dijo —Termina Ian, la risa tropezando sus palabras.

Spencer se ríe libremente, inclina la cabeza hacia abajo mientras se abotona la camisa, lisa y negra como los viejos tiempos. Ian acostado bocabajo sobre el sofá, con la cabeza colgando del borde y las piernas subidas a lo largo de la espalda, y con su guitarra en su regazo. Puntúa el final de la broma con una retahíla de notas antes de ver a Ryan y voltearse al lado derecho dejando su guitarra a un lado y cruzando la habitación.

—Ross, ¡qué demonios! —Dice sonriendo, llevando a Ryan a un abrazo fácil— ¿Qué estás haciendo aquí, tío?

—Estoy… uh, hey… —Explica Ryan, abrazándolo también mientras Ian lo mueve de lado a lado hasta apartarse— Yo… yo estaba… Spencer no…

Sus ojos ascienden encontrándose con los de Spencer. Spencer está congelado en medio de los botones, los dedos apretados en la tela.

Los ojos de Ian van y vienen entre ellos.

—Um. Sí. Bien, me alegro de verte, tío. Te veré después del concierto, tengo que encontrar un baño que Brendon no haya puesto perdido de sudor aún.

—O no se haya corrido —Ofrece Spencer.

—Tío, bruto. —Ríe dando un golpe en la espalda de Ryan y desapareciendo en el pasillo.

Spencer sonríe como si no estuviera seguro de que debiese.

—Has venido.

—Te dije que iba a venir.

Spencer se encoge de hombros.

—Sí. Sólo. No estaba seguro si tú en realidad lo harías. No quería que Brendon… — ¿Se estresara? ¿Obtuviera esperanzas? ¿Tocara un concierto asqueroso? —… ya sabes.

—Oh —Dice Ryan, porque no puede decir nada más. No es que su presencia haya sido la más fiable en el pasado año. No es que tenga nada que discutir, nada en absoluto.

—Hey —La voz de Spencer se ablanda, su sonrisa es amplía. — Lo siento. Ven aquí.

Spencer huele a cosas nuevas, un nuevo champú a lo mejor, pero aún es Spencer. Estar en sus brazos ya no se siente como en casa, pero se sigue sintiendo bien; Curioso, como conducir por un lugar en el que solías vivir y intentando de conciliar nuevos coches en la carretera, nuevas plantas colgando de la terraza, parte de tu cerebro sigue resistiéndose, sigue insistiendo.

—Me alegra que estés aquí —Susurra Spencer, apretando estrictamente antes de soltarlo.

Ryan mira a su alrededor, tratando de no dejar que sus ojos cojan todas las evidencias de la presencia de Brendon: ropa esparcida por todas partes, botellas vacías de Coors y latas de Red Bull. Es sorprendente cómo muchas cosas son las mismas, la camisa gris de la fatalidad; la mitad de los colores del arcoíris en forma de ropa interior; el par de pantalones tejanos con la rodilla rasgada (teniendo sexo oral con Ryan en los bastidores de una sala abarrotada en París, la ciudad del romance, el cortador de cajas fue directamente a través de la pieza, tres puntos de sutura). Por un segundo se siente como si nada hubiese cambiado.

—¿Cómo está yendo el tour?

—Está bien —Dice Spencer, finalizando con el último botón y rebuscando a través de una maleta abierta— Ha sido genial, todo el mundo reacciona con entusiasmo a las cosas nuevas.

—Eso es impresionante. Así que Ian es…

Se detiene cortamente mientras Spencer emerge con una corbata de colores brillantes. Parece como si se hubiese tirado la Sweet Factory encima.

— ¿Qué coño es eso?

— ¿Eh? ¡Oh! —Spencer sonríe hacia abajo a su selección— Tenemos esto, como, en marcha para ver quién se atreve a llevar esta mierda sin estilo encima del escenario.

—Al menos dime que estás ganando.

—Nah —Spencer sonríe con picardía— Pero no es del todo justo, Ian tiene este tío o lo que sea que es como, una drag queen real, y no está compartiendo.

Ryan sonríe mirando abajo a sus zapatos. Su cerebro proporciona automáticamente la reacción de Brendon, ojos brillantes mezclados con fascinación, palabras tropezadas excitadamente desde sus labios.

— ¿Así que él está funcionando? —Pregunta Ryan, lamentando las palabras antes de que estuvieran fuera. Él no lo quiere saber. A él no le importa. La parte de él sin cerebro aún espera que la respuesta será no, porque es un imbécil como eso.

—Sí —Dice Spencer cuidadosamente, ocupado en un nudo Windsor— Sí, está siendo genial. Toca como un motín de mierda, es repugnante.

Ryan sonríe a la referencia, sentándose cuidadosamente en el sofá sin molestar a los montones de ropa y los sándwiches a medio comer a través de él. Ellos no son su disturbio ahora.

Spencer se sienta a su lado, apartando el desorden para cavar un sitio para él, y espera hasta que los ojos de Ryan encuentran los suyos antes de decir:

—Brendon te echa de menos.

La cabeza de Ryan se levanta bruscamente, demasiado rápido, demasiado ansioso. Internamente, rueda los ojos, justo a tiempo de poner el “¿Sólo Brendon?” en sus labios.

La boca de Spencer se curva sin ganas.

—No le digas que lo dije.

Llaman a la puerta rápidamente antes de abrirse, y un tramoyista asoma la cabeza a través de ella.

—Cinco minutos, Spencer.

—Sí, gracias. —Se vuelve hacia Ryan. — ¿Estarás dando vueltas por aquí luego, no?

—Uh. Yo… ¿puedo?

—Sí, jodidamente puedes —Spencer sonríe— Tienes que decirnos cuánto apestamos sin ti.

Ryan se ríe, pero es tan forzado que casi se ahoga en su peso. Mira a Spencer irse, lo mira sonreír desde la puerta antes de que desaparezca. Reconoce el color en las mejillas de Spencer, el mismo tono específico de color que siempre consigue antes de un concierto, y Ryan tiene que forzar físicamente el impulso de sus piernas de levantarse y seguir a Spencer al escenario.

No es extraño que haya puesto esto fuera por un año.





Ellos no apestan sin él.

Ryan había pensado que sería algo fascinante, aunque un poco doloroso, ver uno de sus conciertos sin él y Jon, pero más que nada es como la pesadilla de un universo alterno donde Ryan nunca existió y nadie se da cuenta aún.

Todo suena más limpio, orgánico sin la segunda guitarra. La forma en que debe sonar, la forma en que siempre debería haber sonado. Ian ha infundido en los solos malos y más largos de un minuto en “Pas de Cheval” y “Esteban”, son tan impresionantes que Ryan puede oír la aprobación de la multitud. Ninguna de las canciones suenan igual con sus riffs y experimentaciones, pero suenan dolorosamente bien, suenan como ellos. El nuevo ellos, el Brendon-Spencer-Ian. La batería de Spencer está muy cerca ahora, a nivel del suelo, justo en el espacio de Brendon, lo suficientemente cerca para que Brendon se incline y murmure y haga sonreír a Spencer como en la Navidad.

Brendon está ardiendo, por supuesto que lo está. Pantalones ajustados negros y una camisa con botones blanca con una línea pequeña de volante hacia el pecho, un homenaje a sus raíces, o algo así. El estómago de Ryan empieza a agitarse.

Las nuevas canciones son buenas, realmente buenas. —Si te gusta ese tipo de cosas —Ryan intenta añadir, pero no, ellos son simplemente buenos. Son las viejas fieles que, sin embargo, paran la respiración: Brendon ha modifcado “Northern Downpour” en una fusión de hermoso solo de piano mientras que Spencer e Ian cantan armonías desde los micrófonos en la parte delantera del escenario.

— ¿No es justo mantener a Spencer encerrado allí toda la noche, no? —Brendon pregunta con una amplia y audaz sonrisa, y la multitud grita.

Ryan se las arregla para ignorar a medias el concierto en que Ian se adapta como un guante, jugando antes los juegos de avances en broma como Ryan nunca lo hizo, entregándose a él, cayendo de rodillas delante de Brendon como si tirara la casa abajo, mientras que Brendon deja caer su mandíbula y mueve sus pestañas y pretende ser escandalizado. Brendon baja la mano y tira de la cabellera una vez, más que sugerente, y Ryan está bastante seguro de que una chica se ha desmayado en la barricada. Ryan sabe que es sólo cuestión de tiempo antes de que le pregunten para ser permanente.

Spencer se ríe, toca más duro.

Debajo del escenario, Shane escala la línea de guardas de seguridad, sonriente como si lo hiciera para unas fotos, y Zack se encuentra en las alas como si nada hubiera ocurrido.

La banda continúa tocando.





Ryan se encuentra detrás del escenario en el sofá del camerino como si perteneciera allí e intenta no quedarse fuera como un pulgar dolorido. Está muy seguro de que está fallando. Spencer está a su lado, el brazo sobre el respaldo del sofá detrás de la cabeza de Ryan. Su mano roza el hombro de Ryan cuando se turna, cuando gesticula, cuando Ian hace alguna broma con uno de los técnicos y Spencer se ríe tan fuerte que apenas puede sentarse bien. Ryan no pilla la broma, sino que quiere apoyarse en el hombro de Spencer y desaparecer en la sólida curva de su brazo.

— ¿Estás por aquí por la noche? —Pregunta Spencer tornando toda su atención en Ryan cuando los otros se habían ido.

—Um. En realidad… No lo sé. —Los ojos de Ryan caen hacia su muñeca como instinto, pero no está llevando un reloj, sólo sus pulseras. De cualquier manera, la entrevista de Brendon ha estado tomándose lugar desde ayer.

—Bueno, eh. Vamos a casa de mamá para el almuerzo de mañana, antes de volver a la carretera. Sabes que le encantaría verte.

Ryan se encoge de hombros. Él no sabe nada referente a esas cosas. No le ha hablado a Ginger en cuatro meses y la última vez ella ideó once maneras diferentes de preguntar si estaba bien, cada una de las respuestas de Ryan dijeron sí, y sonaron como un no.

—Tal vez —Dice.

Los ojos de Spencer no le permiten retirarse demasiado lejos, a pesar de los esfuerzos.

—Estoy jodidamente cansado, creo que voy a regresar al hotel —dice Spencer finalmente, elaborando un suspiro y suavizándose sus vaqueros—, ¿Vas a esperar a Brendon?

—Sí, creo que… si.

—Dile que puede llamar a Zack a enviar un coche cuando esté listo, ¿vale?

Ryan asiente con la cabeza, pero debe de haber algo en su cara que sólo Spencer puede ver, un pequeño pliegue de piel que advierte peligro.

Spencer parpadea.

—Puedo quedarme si quieres.

Ryan le devuelve el favor y lo deja ir.





La habitación de la entrevista de Brendon está “por el pasillo a la izquierda”, pero al parecer Spencer olvidó que el sentido de la orientación de Ryan es aproximadamente igual que al de una alcachofa. Termina en las alas del escenario, luces derramando polvo encima de su cabeza en las sombras, donde él se encuentra.

Es bien pasada la medianoche y todos se han ido, el escenario está desnudo menos por un par de micrófonos, tiras de cinta adhesiva en el suelo, un martillo a los pies de Ryan. El único sonido es un zumbido bajo, uno de los guardias de seguridad quizás, o el conserje. Ryan no puede recordar si vienen por la noche o por la mañana.

Se vuelve más claro a medida que sale a la luz, caminando a poco a poco hacia el centro del escenario hasta que ve una figura en la esquina opuesta, inclinada y mirando al sucio suelo: un culo para morirse y una franja de color verde brillante separando el dobladillo de la camiseta de sus pantalones vaqueros. El estómago de Ryan se remueve.

Brendon se levanta un poco, tarareando un poco más fuerte hasta que trasciende a palabras en cuanto se encoge de hombres, ojos explorando el suelo.

Gonna be okay, da-da-doo-doo, just dance.

Sus caderas empiezan a influir un poco a su propio ritmo y Ryan se muerde los labios contra su sonrisa, sin saber lo que es peor: la selección de la canción de Brendon, o el hecho de que él la conozca.

Sólo puede contenerse tanto durante tanto tiempo, y finalmente se le escapa una risa burlona.

Brendon mira alrededor, con los ojos muy abiertos, incluso después de encontrar a los de Ryan, este se lo queda mirando sin vergüenza. Él se ve… Dios, se ve bien.
Su pelo sigue mojado por la ducha, sobresaliendo por todas partes. Más largo, también. El aliento de Ryan se para cuando ve la misma camiseta que vió hace seis meses en Urban Outfitters y casi le compró. Hecho hasta la salida de venta libre.

—Hola —Dice Brendon. No sonríe, pero su voz es amistosa, de esperanza.

—Hola. Um… ¿te dijo Spencer que yo iba…?

—Sí, antes de entrar.

Así que Brendon lo sabía. Tocó el concierto sabiendo que Ryan estaba allí, y él no… Jesús, ¿no qué? ¿No intentó dar a entender que no estaba teniendo el momento de su vida? ¿No intentó parecer que no era más libre, más feliz; no intentó actuar como si una pieza en forma de Ryan le faltara a sí mismo? Bendita mierda, el jodido ego de Ryan.

—Me gusta tu camisa —Dice Ryan.

Finalmente Brendon sonríe, mirando a la ilustración de Max en su traje de lobo, y tira de la tela estirada para que la imagen no esté ondulada.

— ¿No es genial? Spencer me la consiguió.

Por supuesto que sí.

—La película fue realmente buena —Ofrece Ryan.

—Sí, fue increíble. —Brendon no se centra en las palabras, sus ojos siguiendo a Ryan hasta que traga, llevándolos hacia arriba— Tu cabello es más largo.

—Sí. —Ryan arrastra automáticamente sus dedos por él. Está casi hasta los hombros ahora, más largo de lo que lo ha estado en años. Unas cuantas chicas han adulado sobre eso, los rizos y el brillo natural, pero es más pereza que nada más… una especie de manera de pasar el tiempo, viendo cuán largo puede tenerlo antes de que empiece a volverle loco, o la gente empiece a confundirlo con una chica como lo hicieron en el último año.

—Se ve bien —Dice Brendon.

Ryan debate cuánto leer en él. No se siente como hace mucho tiempo cuando se recostaban en el futón asqueroso y Brendon pasaba sus manos a través de los suaves y planchados mechones, haciendo que Ryan prometiera no cortarlos. Se pregunta si Brendon lo recuerda.

—Gracias —Dice Ryan— Tú también, quiero decir te ves…ya sabes… bien. Muy bien.

Bien, impresionante.

—Spencer te echa de menos —Dice Brendon de la nada, volviendo a lo que estaba haciendo, encorvado y mirando al suelo, las manos apoyadas en las rodillas dobladas— No se lo digas, pero lo hace.

El pecho de Ryan duele.

Se toma un respiro, un paso adelante.

— ¿Qué estás buscando?

—Oh, perdí una pulsera durante el show.

— ¿Cuál?

—Uh. —Brendon se endereza, cara a cara vacilante— La marrón con las cuentas.

Ryan parpadea.

— ¿La que te di?”

—Um. Sí.

Se miran el uno al otro, esperando algo que probablemente no existe. Después de un momento, Ryan se agacha un poco, estudiando el suelo. Al menos sabe lo que está buscando.
Por una vez, su estúpido cerebro hace algo.

— ¿Viste todo el concierto? —Pregunta Brendon, siguiendo el ejemplo de Ryan.

—Sí. Fue genial. Nunca me necesitasteis en absoluto.

Siente a Brendon rígido después de sentir lo mismo en él, incluso desde cinco metros de distancia, y cuando se ponen de pie, con los ojos cerrados, Brendon parece que haya sido golpeado en la cara.

Ryan suspira, presionando las yemas de sus dedos en la frente.

—Eso no es totalmente… lo que yo pensaba decir en absoluto —Confiesa con una débil y triste risa.

Brendon se muerde los labios y mira al suelo.

— ¿De verdad crees eso?

Ryan se encoge de hombros.

—No importa. Quiero decir. Esto está bien, ¿verdad? Hemos conseguido hacer lo que queremos ahora, no somos dependientes unos de otros, estamos…

—Te necesitaba.

Sus ojos se encuentran, los de Brendon parecen más grandes, más cercanos. Arrastra los pies.

—Y… —Continúa— Incluso cuando no lo hice más, yo todavía te quería.

Ryan deja de respirar. Comienza de nuevo lo suficientemente rápido. No es tan diferente de antes, en realidad, un baile y un escenario y palabras, coreografiadas y predecibles. Ryan podría hacer los pasos con los ojos cerrados.


En primer lugar, hay la invitación.


El delineador de ojos se está haciendo servir, el olor familiar de cerveza rancia acecha en el aire, y Spencer está fuera, riéndose de una de las bromas de Brent. Ryan cierra los ojos

No hay nada diferente acerca de la sensación de la mano de Brendon sobre la suya.

Nada.

Excepto todo.


Luego, algún tipo de oposición… el primero en saltar a través del aro.


— ¿Por eso has venido aquí? Algún maldito… ¿sexo telefónico?

Ryan traga la bilis en su garganta, voz pausada y suave.

—Jódete.

—Sí, no esta noche.

La sorna es audible.


Una segunda invitación


Los labios están más cerca ahora, tan cerca que si Ryan se inclina hacia atrás un milímetro, podría sentir que el molde de la piel de su cuello se dobla.

—Ryan.

—No lo hagas.

—No lo haré.

Lo hacen.


…con un segundo aro.


— ¡Si hubieras cogido tu puto teléfono, no he hablado contigo en seis meses!

—Sí, han sido unos siete meses de mierda, ¿no es así? Dos giras en cabeza de cartel y un disco de platino, me siento jodidamente mal por ti.

—Tú… ¿estás haciendo esto en serio? ¿Tú eres el que es jodidamente bueno para el punto de mira, tú eres el que se va para poder ser todo indie, y ahora estás celoso porque la gente aún sabe mi puto nombre? Es como… peor que vender, ¡es como desear que lo vendieras todo!”

— ¡Tu puta madre, como si puedes tirar la S-palabra cuando estás haciendo anuncios para la jodida Coca-Cola!

Los ojos de Brendon bailan, risa amarga jugando en su brillo.

—Mejor eso que esnifar.

Ryan le da un golpe de puño.


Persuasión.


—Dame una sola puta razón.

Una mano se desliza hacia arriba del muslo de Brendon, parando justo antes.

—Ella no es tú.

“Dame una mejor.”

—Podría darte veinte, ninguna de ellas sería lo suficientemente buena.

—Dame la mejor.

Ryan parpadea, tragando saliva. Dos palabras se alojan en su garganta.



Vacilante.


Ryan puede notar su sabor antes incluso de que traviese la habitación. Su cabeza golpea la pared bajo el peso creciente, y recuerda una vez en que una mano suave cubriría la parte de detrás de su cabeza antes del impacto. Él está empujando y tirando de la ropa, no puede averiguar si está tratando de mantener su propia ropa puesta o quitarla de Brendon, pero las manos de Brendon están en demasiados lugares, los dientes tirando de la piel de su cuello, la lengua zambulléndose en el hueco en la base de la garganta de Ryan.
Las caderas de Brendon chocan contra las suyas, y Ryan está a punto de empujarlo cuando se da cuenta de que fueron sus propias manos las que lo trajeron cerca.

Empuja de todos modos.

Rechazo.


— ¡Esto no era jodidamente por ti!

— ¿Entonces qué, Ross? ¿Qué? ¿Tú? ¡Por supuesto que se trata de ti, es siempre sobre ti!

— ¡Se trata de ser independiente, de realmente hacer algo por mi cuenta por una vez!

— ¡Jesús, Ryan, lo hiciste todo por tu cuenta! ¡Tú escribiste las canciones, o decidiste quién podía, me dijiste cómo cantar, qué llevar puesto y cómo maquillarme y lo cerca que podía estar de ti en el escenario, tenías la última palabra en todo!

—¿Entonces por qué me dejaste? —Ryan grita, la voz temblorosa por la tensión de sacar la picadura de sus ojos. — Si era un idiota fuera de control, ¿por qué joder no me dejaste antes?

—¡Porque te quería, joder!

Batalla.


— ¡Como si fueras tú el único que puede hablar sobre los jodidos casos de armarios! —Brendon resopla, la mano golpeando el chivo expiatorio más cercano. La lámpara se rompe a sus pies— ¡No he venido por ti, Ryan! Todo el mundo lo sabe, si sacara esto temprano a la luz te sacaría a ti también y no voy a hacerte eso porque en realidad no soy un idiota, ¿vale?!

—A la mierda, no me importa. —Está de pie, en dirección a la puerta y dando patadas a todo en su camino. — No importa joder, no es como si tuviera algo que perder…

— ¡No perdiste nada, mierda! —Otro estruendo— ¡Lo empujaste todo lejos, lo dejaste, joder!

— ¡Dejé la banda, Brendon! —Ryan pierde la cordura, azotando alrededor— Y me gusta jodidamente lo que estoy haciendo ahora, me gusta nuestra música y me gusta hacia donde está yendo, no me arrepiento de dejar la banda, ¿de acuerdo? La gente deja bandas, ¡no es el fin del mundo!

— ¡Que te jodan, no era acerca de la banda, yo quería mi propia música también! ¡Te escapaste de mí, Ryan, y lo sabes! ¡Lo dejaste, joder, pieza por pieza, lo suficientemente lento como si no me diera cuenta y entonces de repente no puedo recordar la última vez que escuché tu voz! ¡Simplemente te fuiste!

— ¡Porque quería ver si me seguirías!

El silencio colisiona.


Y una vez han saltado por todos los aros.
Rendirse.

—Más duro.

Ryan tira de él, lo más cerca que pueda tenerlo, forzando sus ojos a cerrarse mientras aprieta sus piernas alrededor de la cintura de Brendon mientras Brendon se empuja a si mismo más adentro. Ryan no puede mirarlos haciendo esto, no puede mirarse a sí mismo entregarse.

—Abre los ojos —Brendon gime—, Ryan…

Ryan se muerde el labio, y los dedos de Brendon apretados alrededor de sus muñecas, las uñas cavando en la piel y tinta arremolinada.

Los ojos se abren, y Brendon parece que está al borde de derrumbarse, a la espera de la palabra de Ryan.

—Ahora…




Que era todo lo que quería en primer lugar.

Brendon parece un poco aterrorizado cuando Ryan vuelve a sus sentidos. Sus ojos se han ido ampliando de manera constante, y se ve jodidamente pequeño todo solo en el escenario, pero es una ilusión. Ryan casi puede verlo en su mente, el suelo sucio presionando sus vértebras, los dedos raspando el borde de un amplificado, la suciedad incrustada en la camiseta que se niega a quitarse para que pueda irse más pronto cuando haya acabado.

Claro que estamos en un espectáculo esta noche.

Es sólo un escenario, sólo un baile. Coreografiados y conocidos.

Seguros.

Brendon traga, su cara en diez colores vulnerables y empalideciendo por segundos.

Ryan está harto de eso. Harto de los juegos, signos, pretensiones y orgullo. Harto de la seguridad.

Cruza el espacio, casi tropezando con el enfermo latido de su corazón, desliza sus manos a la cara de Brendon y lo besa.

No cree que la sorpresa de Brendon venga realmente de los besos, pero más del beso en sí. Es más suave que el primero que han tenido y todavía dos veces más, sólo dos cuerpos encerrados en un lugar y casi sin tocarse, sólo por sus labios, por las manos de Ryan tocando la cálida piel bajo la sombra de las cinco en punto. Brendon empieza a retirarse y hace un ruido sordo, palabras que son probablemente protestas y Ryan las ignora, empujando más cerca hasta que sus cuerpos se enrojecen, hasta que las manos de Brendon no tienen dónde ir mas que a las caderas de Ryan. Se anclan ahí, apretando firmemente mientras Ryan lame su camino hasta la boca de Brendon, cuidadoso y lento. Brendon gime.

El sonido hace eco sobre el escenario vació. Brendon se arrastra lejos, lo suficiente para tomar su calidez con él.

Mira a Ryan como si estuviera viendo algo fascinante, algo que nunca ha visto. Ryan se pregunta qué hay en su cara qué ha aparecido deslumbrantemente, claro, en el exterior que no ha conseguido averiguar en el interior, y el hecho de que Brendon puede verlo en una sola mirada puede ser la admisión más terrorífica que Ryan ha hecho nunca.

La expresión de Brendon cambia, pasando de miedo y desconfianza hacia algo brillante y oscuro a la vez. Se está acercando antes de que Ryan pueda procesarlo, empujando a Ryan hacia atrás, hasta que golpea el pilar de al lado del escenario. Ryan se protege a sí mismo por el impacto, tenso, pero hay sólo la palma de Brendon detrás de su cabeza, perdiéndose en los montones de rizos, su otra mano cubriendo la parte de la espalda de Ryan que hubiese sido la primera en colisionar.

Ryan no puede respirar.

Brendon lo tiene cubierto, sin embargo, su boca se mueve contra la de Ryan hasta que Ryan la abre para él, sintiendo a Brendon presionar más cerca como respuesta, mientras Ryan intenta encontrar un lugar para sus manos. Esto no es lo que sabe, nada antes ensayado; esto es la etapa de Brendon cuando Ryan sólo la conoce como suya. Brendon es el que escribe el guión, y por primera vez Ryan le está dejando, confiando en él, renunciando a su control. Está jodidamente asustado.

En un rincón de su conciencia, puede sentir el preservativo y la botella de lubricante rasgando en su culo, burlándose de él. Te lo dije.

Empuja a Brendon.

Brendon no pelea con él esta vez, no lo hace retroceder como siempre. Sólo está ahí y permite la distancia, respirando con dificultad, con tejido de la frente apretado.

— ¿Te acuerdas de la razón por la cual dejamos de hacer esto?

Brendon se tambalea, parpadea.

—No de todas ellas.

El silencio presiona. En algún lugar lejos encima de sus cabezas, el sonido de las vigas para.

— ¿Pasaría algo si lo hiciera?

Ryan se lo queda mirando. Poco a poco, sorprendiéndose a sí mismo, sacude la cabeza.

Brendon está avanzando lentamente, una pregunta, sólo presionando en el espacio de Ryan cuando sus manos encuentran su camino hacia las caderas de Brendon, finalmente, el tejido familiar, las curvas familiares y el calor familiar, entonces empieza a derretirse bajo el fuego.

—Eso es lo que te asusta, ¿no?” Brendon respira en la piel de Ryan, los labios y las puntas de los dedos temblorosos temblando en su cara. “¿La posibilidad de que podría haber algo bueno en tu vida que en realidad no puedes llegar a arruinar?”

Ryan traga.

—Brendon… —Susurra, y se están besando.

No es un punto de inflexión, no es la resolución, sino más bien como volver a casa donde antes era sólo una escapatoria. Todavía se siente como entregarse. No a la debilidad esta vez, sino a la confianza. Ryan no se permitirá pensar a sí mismo Amar, pero no pretenderá que no dé vueltas estúpidamente en su mente durante medio segundo antes de que Brendon trace su lengua por el labio inferior de Ryan y Ryan pare de pensar.

Brendon lo está dejando marcar el ritmo, pero Ryan no puede encontrar uno. Es sólo movimiento que no se detiene, las manos buscando cualquier parte piel que puedan conseguir. Ryan es cuidadoso con la amada camiseta de Brendon pero una vez que está fuera, está arañando los tejanos sin delicadeza, deseoso de no volver a verlos nunca. Siempre fueron pantalones bajados hasta la mitad de los muslos y camisas subidas hasta el pecho, como si el hecho de no desnudarse hiciera que no contara. Nunca fue suficiente y no es suficiente ahora, ahora contaba, joder.

—Joder —Brendon jadea contra la garganta de Ryan cuando logran deshacerse colectivamente de las ropas. — Realmente odio cada última camiseta que has tenido.

Ryan ríe sin aliento mientras Brendon demuestra su punto, tomando dos puñados de botón abajo y tirando fuerte. Los botones hacen un pequeño ruido, botando por el escenario y dejando el pecho de Ryan expuesto, enrojecido y jadeante. La boca de Ryan cae abierta mientras los ojos de Brendon recorren toda la piel nueva y es un poco increíblemente caliente.

—Mejor —Brendon respira, volviendo a chupar húmedamente el punto de pulso en el cuello de Ryan. Ryan encoge el resto de su camisa y se deja manipular, permite dar a conocer a sus piernas mientras el brazo de Brendon se desliza alrededor de su espalda para apoyarse, la mano libre trabajando los gemidos de Ryan. Una de las manos de Ryan está agarrada duramente del hombro de Brendon, deslizándose a través del sudor por su espalda, mientras que la otra gravita entre las piernas de Brendon, frotándolo fijamente a través de sus calzoncillos hasta que Brendon está temblando por las sensaciones. Sus dedos arañan en vano la cremallera de Ryan hasta que Ryan piensa en ayudarle, sacando las uñas de la espalda de Brendon y tirando de sus pantalones hasta quitárselos.

Y entonces sólo hay dos trozos de tela entre ellos. Brendon está pegado a sí mismo en la frente de Ryan y ha pasado un año y todo está girando. Sus caderas están trabajando obscenamente, sus miembros rozándose mientras se presionan juntos, lenguas intentando coincidir el ritmo en la boca del otro. Ryan necesita más, pero también necesita no dejar de tocar a Brendon nunca. Toma la decisión instantánea antes de que su cerebro explote, acachándose hasta agarrar sus pantalones en el suelo y desprendiéndose de su ropa interior por el camino. Por encima del hombro puede oír a Brendon hacer lo mismo, y trata de no pensar sobre donde cojones están, y quién los podría encontrar, quién podría ver, o por qué ni siquiera importa eso. Saca el condón y el lubricante, se pone de pie y Brendon está allí, sorprendido y esperando. Ryan sólo parpadea, robando un poco de oxígeno y aceptándolo dentro.

—Dios, —Brendon traga— eres…

Las palabras mueren en su boca, o en la de Ryan, demasiado difícil de decir, mientras Ryan tira de él hacia delante y se eleva, dejando a Brendon coger la indirecta y tirarlo aún más hasta que sus piernas se envuelven de forma segura alrededor de la cintura de Brendon. Ryan sólo sigue besándolo, lamiendo en la boca de Brendon porque uno de ellos necesita estar dentro ya, no obstante, pueden conseguirlo. Ryan no tiene ni idea de cómo Brendon se las ingenia para retenerlo y abrir el lubricante al mismo tiempo, pero Brendon siempre ha sido algo mágico de esa manera.

Ryan gime entrecortadamente mientras el primer dedo se desliza en su interior, escuchando su propia voz haciendo eco a través del escenario. El sonido le hace temblar, su voz retirándose mientras muerde el trozo de piel más cercano que puede conseguir, el labio inferior de Brendon. Brendon gime agradecido, deslizando un segundo dedo dentro cuando Ryan está demasiado ido para pedirlo. Nunca ha tenido que pedirlo, Brendon siempre sabe cuando está listo, o puede decidir por sí mismo, dependiendo de cuánto quiere que Ryan lo sienta. Su juicio no se ha tambaleado a través del tiempo, incluso después de un año, y sólo el simple hecho de darse cuenta hace que Ryan se aferre con más fuerza, lo acerqué mientras Brendon trabaja en un tercero.

Ryan probablemente no está preparado, pero no le importa mucho. Agarra el condón y lo abre, tirándolo hacia atrás sólo lo suficiente para rodarlo hacia abajo sobre el miembro de Brendon. Puede sentir a Brendon temblar, pero sabe que no es por el peso, ni por el esfuerzo; no es que Brendon no lo haya follado contra la mitad de las paredes de los hoteles que han compartido. Este temblor es diferente, algo que Ryan no ha sentido desde la primera vez. No son nervios, sólo un poco de intensidad que sus cuerpos no están diseñados para manejar.

Ryan mira a sus ojos, negro sobre negro, y se dispone.

Brendon lo besa mientras le empuja, minucioso y profundo para igualarse a su empuje, y Ryan ya está empezando a ver chispas. No intenta aferrarse a cualquier control, no quiere, sólo le permite a Brendon retenerlo y llevarlo de la manera en que él quiere. Las manos de Ryan se extienden en la espalda de Brendon, tratando de encontrar equilibrio hasta que un empuje ennegrece su visión, uñas redondeadas excavando crecientes en la piel, y Brendon empieza a venirse.

Sus embestidas se vuelven erráticas y Ryan está olvidando cómo respirar, jadeando en la boca de Brendon como si estuviera tratando de meterse dentro, como si ambos pudieran estar dentro del otro a la vez, todo lo demás podría desaparecer. Es surrealista como la mierda; ellos nunca lo han hecho así, nunca a la intemperie, nunca tomaron riesgos, siempre escondidos detrás de las paredes, puertas y palabras no dichas, las persianas cerradas y las cortinas corridas, gemidos ahogados por debajo de labios mordidos a un desastre hinchado. Jugaron el juego bastante bien, nunca dejando que los rumores se escaparan, y ahora aquí están, cuerpos golpeando juntos en el espacio abierto: la única cosa que nunca compartieron en un escenario.

—Ryan… —Jadea Brendon, bajando la cabeza al hombro de Ryan— Ryan, joder… tócate.

Ryan quiere decirle que no lo necesita, que sólo necesita esto, pero su mano ya está resbalando alrededor, serpenteando entre ellos para enrollarse alrededor de su pene y eso es todo lo que necesita, sólo verlo, para Brendon para hacer ese pequeño ruido ahogado en su garganta que Ryan conoce demasiado bien. Empuja una vez más, dos veces, y Ryan presiona, apretando fuerte alrededor de él mientras se corre sobre su puño, a través de sus estómagos y en la parte interior de sus muslos.

El tiempo se detiene.

Él no se mueve y Brendon no hace esfuerzo alguno para sacarlo o para sentarlo bien. Los dos están temblando, temblores indescifrables entre ellos, los cuerpos recubiertos con una película de sudor, calor y corrida. Ryan se siente como si estuviera flotando.

Aquí es cuando Brendon le daría un pequeño beso, labios hinchados presionados levemente en el cuello de Ryan para contrarrestar el malestar al irse. Pero no lo hace. No se va, y cuando levanta la cabeza, Ryan se lo encuentra. Se besan así, de manera descuidada y lenta y húmeda hasta que los muslos de Ryan empiezan a doler y los brazos de Brendon están temblando con algo que no quiere.

Es diferente cuando finalmente sale, estableciendo a Ryan en sus pies y asegurándose de aferrarse a él hasta que sus piernas paren de tambalearse. Empiezan a recoger la ropa sin decir nada, pero el silencio no es tan fuerte esta vez, y no evitan mirarse a los ojos mientras se visten.

—Hago un buen trabajo. —Brendon se muerde el labio, levantando una ceja en indicación a que Ryan intenta abrocharse unos botones que no están allí.

Ryan sonríe y baja la cabeza rápidamente.

Se agacha para ponerse los zapatos, dando un paso atrás mientras se endereza, y algo cruje bajo sus pies. Mueve el pie y se agacha para recogerlo: una pulsera de cuentas marrón y de madera con, ahora, una bola agrietada entre todas las otras perfectamente redondas, todos sus símbolos de oraciones Budistas perfectamente alineados.

Mira hacia arriba, capturando los ojos de Brendon. La boca de Brendon se abre un poco.

Ryan traga, sosteniéndola.

—¿Sigues queriéndola?

Brendon mira de Ryan a la pulsera y viceversa. Después de un momento da un paso adelante, aceptándola y haciéndola rodar sobre su muñeca.

—Gracias.

Ryan asiente con la cabeza, poniendo las manos en los bolsillos.

—Así que… uh. —Brendon se rasca la parte trasera de su cuello, arrugando la nariz un poco. — Es jodidamente tarde, probablemente debería volver al hotel.

Ryan parpadea.

Esta parte, la conoce. Este es el paso final, después de los aros, las peleas y las entregas. Esta es la despedida. Y él había estado suficientemente desesperado para pensar que, quizás esta vez, ese paso no vendría; que todo iba dirigirse a alguna otra cosa. Traga, aguantando cada impulso en su cerebro que quiere gritar, y mira al suelo.

—Está bien. Sí.

Considera simplemente irse, ahorrando a los dos el enfrentarse a lo que viene después, pero justo cuando sus pies empiezan a moverse, siento un toque. Ligero, no un agarre, sólo un simple punto de contacto. Mira su muñeca, a sus propias cadenas de cuentas envueltas alrededor de ella. Las yemas de los dedos de Brendon están trazando la pulsera, saltando por encima de las cuentas para rozar la piel de Ryan. Sus ojos se encuentran, y Brendon parpadea, una esquina de su boca elevándose un poco.

—¿Tienes coche?

Ryan sonríe.

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