sábado, 16 de julio de 2011

"Viajes en tren"

Autor: Gaby Martínez. - @gabtroublemaker
Clasificación: PG.
Género: Romance, Drama, Songfic.
Notas: Inspirado vagamente en la canción “Jueves” de La Oreja de Van Gogh. Esta canción trata básicamente de una serie de ataques terroristas hacia cuatro trenes en las cercanías de Madrid ocurridos el 11 de Marzo de 2004, donde 192 personas perdieron la vida. Lo particular es que no me haya nacido ponerle un final trágico a esta historia – cosa que hago muy a menudo.



Viajes en Tren.

Capitulo unico.



Lunes.

Son las seis y media de la mañana y estoy aquí, esperando en la estación del metro mientras la gente y los trenes van y vienen, tal como lo he estado haciendo por las últimas tres semanas. El clima está frío afuera y estoy vistiendo esta chaqueta roja de la cual me enamoré ayer mientras caminaba por el centro, buscando algo de ropa nueva. Es una chaqueta de cuero falso rojo y brillante, tan brillante como la sangre, con cierres dorados y múltiples bolsillos cosidos con hilo dorado.

Falta un cuarto para las siete y todavía pienso por qué no me he atrevido aún a cruzar el vagón para decirte algo, como «Hace frío aquí dentro» o «¿Viste las noticias esta mañana en CNN?». Pero, de alguna forma, no puedo. Siento que nunca voy a atrapar tu atención porque no soy nadie especial ni fuera de lo común, sólo un chico promedio; y ser promedio no es suficiente. Desearía poder ser como esos hombres que ves en las revistas, esos que hacen que cualquier tipo (gay o no) voltee y diga «Wow, desearía tener esas piernas», o ese cabello, o esa piel. Esos hombres que se quedan metidos en tu cabeza por horas, días, incluso meses. Quisiera ser así de especial frente a tus ojos que me quedara metido en tu cabeza.

Obsesión podría no ser la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la mente.

Faltan cinco para las siete y escucho unos pasos familiares bajando las escaleras y volteo a ver quien es, tal como lo he estado haciendo por las últimas dos semanas; y eres tú, puntual como siempre, caminando con tus Converse viejos y tus Levis ajustados. Sonrío tenuemente al tiempo que meto las manos en los bolsillos y doy un par de pasos al frente mientras un tren llega al andén. Oigo el sonido de los frenos cuando se detiene y el operador abre las puertas. Poca gente sale del vagón y entonces entramos nosotros: tú, yo, y el resto de la gente insignificante que nos rodea.

Ellos podrían, o tal vez no, ser importantes para este mundo; podrían, o tal vez no, trabajando en alguna parte para ayudar a otras personas de alguna manera; pero realmente no me interesan, todo lo que veo eres tú, caminando a través de las puertas justo antes de que cierren. Estas son las mismas puertas que atraviesas todos los días, tal vez porque estas siempre te dejan más cerca de las escaleras mecánicas en la estación donde te bajas del tren a diario a las siete y media. Estas son las mismas puertas que he estado atravesando durante las últimas tres semanas, solo por ti.

Repentinamente, el timbre de tu teléfono, una simple pero hermosa versión MIDI del Himno de la Alegría de Beethoven, suena en medio del vagón justo luego de que el tren arrancara con su movimiento, y respondes con un dulce susurro:

—Hola. Sí, soy yo, Ryan. Justo ahora estoy en el metro, te llamo de vuelta cuando llegue.

Oh, tu voz, tan dulce como un coro de ángeles. Tratas de mantenerla baja pero se desplaza a través del aire frío y hace eco dentro de mis oídos. Tiemblo ligeramente y me siento en el último asiento libre del vagón, y no puedo quitarte los ojos de encima. Te ves algo adormitado por la forma en la que cierras los ojos mientras sostienes la barra, y repentinamente despiertas segundos luego cuando el tren se detiene en la siguiente estación. La mujer frente a mí se levanta y sale del tren, y entonces te sientas donde ella estaba.

Apuesto a que no puedes siquiera imaginar que este tipo (yo, sentado frente a ti) está observando cuidadosamente cada cosa que haces, y adora hacerlo. Tu, justo frente a mí, nunca sabrás que me estoy quedando sin ropa tratando de encontrar algo que te atraiga, que eres la razón por la cual compré esta atractiva chaqueta. Siento que me derrito cuando veo tus dedos largos y delgados deslizarse a través de tu cabello castaño ondulado, largo y brillante, y entonces se queda cómoda allí, como un pájaro en su nido. Entonces tu pecho comienza a tensarse y bostezas contra el vidrio de la ventana, cubriendo tu boca con tu mano libre.

Y esto, simplemente estar cerca de ti, se siente como el cielo. Esta es la mejor media hora de mi día, de cada día; y, luego de esto, sólo trabajo, como, duermo y sueño para verte de nuevo. Y comienzas a mirar las luces moviéndose rápidamente a través de la ventana, y apenas segundos luego, tus ojos, tus hermosos ojos color avellana, repentinamente están mirando dentro de los míos.

Estás mirándome.

Estás mirándome.

Cielo podría no ser la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la mente.

No puedo pensar en otra cosa excepto este preciso momento. Esta mirada es tan intensa que ignoro totalmente mis temblores, es tan increíble que ni siquiera puedo escuchar a la gente saliendo y entrando del vagón en esta estación, es tan irreal que tengo que cerrar mis ojos porque seguro me veo como un acosador gracias a la forma en la que te estoy mirando. Y escucho un suspiro. Podría jurar, con los ojos cerrados, que fue tuyo.

Gracioso. Increíble. Maravilloso.

Ya, en serio, ¿qué he hecho?

Abro mis ojos y noto que los tuyos están cerrados de nuevo, y desearía no haber sido tan estúpido para romper aquel increíble contacto visual que acabábamos de tener. No sé si la sentiste, pero estoy seguro de que sentí algo fabuloso e increíble, sin igual a cualquier otro sentimiento. No sé si lo sentiste, pero podría jurar que fuimos hechos el uno para el otro. Lo supe desde la primera vez que te vi, fue por eso que dejé de usar el expreso de las siete y media y comencé a tomar este tren.

No puedo mentir, estoy realmente desesperanzado ahora. No tengo las agallas para decirte todo lo que me has hecho sentir durante estos callados viajes en tren, donde el silencio es lo único que hemos compartido. Sonaría estúpido si te digo como me encantaría pasar siquiera un solo día contigo, incluso cuando nunca nos hemos hablado.

Otra parada en otra estación, y sigue la misma mecánica. Gente sale y gente entra. Y está esta mujer que caminaba con un bastón acabando de entrar al vagón, y todos los asientos están ocupados. Voy a darle mi asiento, pero de repente te levantas y le ofreces tu puesto gentilmente. Esta no es la primera vez que esto sucede, pero no puedo evitar sonreír mientras actúas como todo un caballero. Si tienes una novia, o esposa, o incluso una mejor amiga, seguro debe sentirse muy complacida por ti. Y ahora estás allí, de pie, sosteniendo la barra metálica hasta que la dama sentada a mi lado se va del vagón.

Te sientas justo aquí, a mi lado.

Te sientas justo aquí, a mi lado.

Siento como mi corazón de repente se acelera. Esta es la primera vez que esto sucede, y es duro porque no puedo voltear hacia un lado a verte sin mostrar mi interés en ti, incluso cuando pienso que siempre he sido muy obvio. Esto podría ser muy excesivamente obvio. No puedo evitar que mis mejillas se sonrojen debido a mi incomodidad. Quisiera ser lo suficientemente valiente para decirte cualquier cosa. Cualquier cosa.

El tren toma una curva cerrada y tú, algo dormido, caes accidentalmente sobre mi hombro.

—Oh, ¡lo siento! —te disculpas de repente, y esa es mi excusa para poder mirarte y hablarte— Yo, de veras…

—No te preocupes —digo, sonando más tosco de lo que realmente pretendía sonar. Es todo lo que soy capaz de hacer cuando tengo estos increíbles ojos frente a mí.

Un par de canicas color avellana, hermosas e intimidantes, me miran a los ojos y, quizás, vislumbran un vago reflejo de mi alma. No puedo contener de nuevo estos pequeños escalofríos dentro de mi cuando sonríes estando tan cerca de mí.

—Esto es lo que sucede luego de pasar toda la noche viendo luchas de la WWE en la tele —susurras.

—¿Te gusta la lucha libre? Wow —digo, con más naturalidad de la que esperaba. Además suelto una risilla. Segundos después me doy cuenta de que no debí haber respondido con tanta facilidad si no quería parecer un acosador.

Tú simplemente sonríes de nuevo, y estoy muriendo con tu sonrisa divina. Puedo apostar que ni siquiera los ángeles tienen una sonrisa tan perfecta como la tuya. Mientras estoy perdiendo la cordura por ti, te las arreglas para decir:

—Es divertido cuando no tienes más nada que hacer los domingos por la noche —miras a tu alrededor y luego agregas en un suspiro—, pero esos tipos me matan de miedo.

Eso está mejor. Ya estaba pensando si debería convertirme en un luchador para atrapar tu atención, gracias a dios que no. Diez segundos luego, preguntas:

—Tomas este tren todas las mañanas, ¿no?

Parpadeo un par de veces antes de responder tu pregunta.

—Sí, desde hace tres semanas… —digo, y me doy cuenta de que debería abofetearme a mí mismo luego de ese desliz… por favor, tú, extraño, no preguntes por qué. Estoy seguro de que no podrías manejar la verdad tan incómoda.

Acosador podría no ser la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la mente.

—Yo también —murmuras, ahora mirando a la ventana. Lo siento si piensas que soy extraño, pero no puedo evitarlo. Y estoy pensando si tal vez no fue una coincidencia que yo tomara inusualmente este tren el primer día que tú también lo hiciste por primera vez… ¿fue cosa del destino? ¿Me he perdido de algo importante durante estas últimas semanas?

El tren mantiene su invariable camino entre las últimas dos estaciones antes de que te bajes. Siempre ha sido lo mismo, esto nunca había cambiado hasta que el destino, dios, los cielos, como quieras llamarlo; quiso que cambiara.

De repente, todo está oscuro y un sonido horrible y estruendoso llena el aire frío. El vagón se sacude violentamente y puedo sentir como sostienes mi brazo, pero no con la fuerza suficiente como para evitar que cayera al suelo. Mi cabeza se golpea, algo está haciendo que mi pierna derecha me duela como el demonio y la gente gritando alrededor sólo empeoran todo.

Segundos luego, la gente comienza a calmarse. Algunas pantallas de teléfonos celulares iluminan el vagón, dejándome ver lo que tengo más cerca. Estás sobre mí, y puedo ver el miedo en tus ojos avellana completamente abiertos.

Sólo puedo ver la luz en tus ojos mientras tus dedos húmedos tocan mi frente. Apenas puedo sentir las manchas de sangre fría en mi rostro justo donde me tocaste. Esa fue la única sensación que pude percibir en ese preciso instante, nada más.

Sólo puedo ver oscuridad en tus ojos, y en todas partes.





Blanca. Blanca blancura. La blancura más blanca. Una brillante bombilla blanca ilumina esta pequeña habitación de paredes blancas y vacías.

Parpadeo un par de veces antes de que mis ojos comiencen a observar mi entorno lentamente. Me toma un par de largos segundos recordar todo lo que pasó en el subterráneo la última vez que estuve despierto. Y lo recuerdo, su mirada aterrorizada, sus dedos manchados con mi propia sangre. Cierro los ojos por un momento, pensando en ese día. Ni siquiera puedo asegurarme de si fue el mes pasado o la semana pasada, ni siquiera si fue hace unas horas. Apenas puedo recordar las pocas palabras que intercambiamos antes del accidente. Ni siquiera recuerdo qué causó el accidente, yo sólo

Yo sólo me doy cuenta de que hay alguien cubierto por una sábana blanca, sentado en una silla y durmiendo sobre mi regazo. Alguien con cabello marrón caramelo y dedos largos. Alguien que posiblemente se llame Ryan, de desconocido apellido. Alguien que ha estado volviéndome loco durante las últimas tres, cuatro, cinco, ni siquiera sé cuantas semanas.

Por otra parte, no puedo negar que estoy emocionado como nunca antes. Dios, ¡estoy vivo y él está aquí conmigo! Su pecho se mueve, sube y baja lenta y calmadamente, apenas puedo escuchar su respiración. Desearía que él pudiese despertar para que me explicara todo lo que sucedió pero al mismo tiempo me encantaría verlo dormir por siempre.

Trato de sentarme en a camilla, pero siento un intenso dolor en la cabeza cuando trato de separarla de la almohada. Duele tanto que no puedo evitar un pequeño gemido de dolor, que lo despierta repentinamente de sus dulces sueños.

—Oh, despertaste —murmura Ryan, parpadeando repetidamente, aún algo dormido. Se quita la sábana banca de encima, y no puedo evitar sonreír ante el hecho de que él vestía mi chaqueta roja. De alguna forma, él se da cuenta de que estoy observándola, y se excusa inmediatamente—. Oh, lo siento, yo sólo… quiero decir, hacía… hace mucho frío aquí dentro y…

—No te preocupes… te queda genial —le digo, sonriendo, y sus mejillas se sonrojan por un momento.

Sublime podría no ser la palabra correcta, pero es la primera que se me viene a la mente.

Nos miramos silenciosamente a los ojos por unos momentos. Ignoro sus razones, pero puedo decir que todo en lo que pienso en este momento es acerca de él y qué debería preguntarle primero.

—Esta chaqueta también me metió en un gran lío —dice, antes de que yo pudiese preguntarle algo, sorprendiéndome.

—¿En serio? —pregunto, y él asiente—. ¿Por qué? ¿Qué sucedió?

—No importa.

—Vamos. Mi chaqueta, mi problema —digo, y ríe ante mi expresión.

—Una mujer que trabaja en el mismo sitio que yo, mi jefa, de hecho… ¿o simplemente debería llamarla mi ex novia? —se pregunta a sí mismo, y no puedo evitar un brillo en mi mirada—. De cualquier forma, ella llegó aquí luego del accidente y yo… bueno, estaba vistiendo tu chaqueta y… ella vio que yo no tenía nada, de hecho, así que me exigió que volviera al trabajo —está diciendo, y se detiene por unos segundos—. Le dije que no, porque tenía alguien de quien cuidar. Y entonces comenzó a hablar tonterías acerca de cuan descuidado yo era con ella y, aún peor, el trabajo. Entonces me preguntó por la chaqueta, y… —Ryan se detiene de nuevo, tratando de aguantar la risa.

—¿Qué le dijiste? —pregunto con curiosidad.

—Le dije que no era mía, y preguntó de donde la saqué. Yo… —trata de seguir hablando pero su risita se detiene y se vuelve a sonrojar. Siento que vuelo por las nubes, ¿cómo es posible que él pueda ser incluso más tierno de lo que yo había pensado?—. ¿Estás seguro de que no vas a matarme después de esto?

—Aún no he escuchado nada que pueda servir como una buena razón para matar a alguien —digo, pensando algo como «…excepto por el hecho de que tuviste una novia» pero ignorándolo al mismo tiempo.

—Pero esto podría darte una razón… —me advierte, sonriendo de nuevo. También sonrío, y estoy seguro de que si hubiese intentado no sonreír no hubiese dado resultado—. Uh, bueno, no vivimos juntos, y ella siempre me decía que comprara un auto porque piensa que el metro es para proletarios, lo cual ella considera como un gran insulto, y realmente tenía el dinero, pero… simplemente no quiero gastarlo en un auto, así que ese siempre fue un tema que traía problemas. De todas formas, le dije «Esto es de alguien que de hecho salvó mi vida, lo cual es más importante que tu supuesto amor de mierda,» y… ella me lanzó un puñado de tierra. En tu chaqueta. Y entonces corrió a su auto y me gritó un gran «ESTÁS DESPEDIDO». Así que vine aquí sin pareja, sin trabajo y vistiendo una chaqueta sucia. ¿Aún deseas que conserve el regalo de la vida?

Río lo más fuerte que me deja reír mi dolor de cabeza, y él está aún más sonrojado cuando abro los ojos luego de la carcajada. Se ve algo entretenido, pero orgulloso en cierta forma. Sus ojos avellanados tienen una especie de brillo feliz que es difícil de ignorar, como sí, después de todo, estuviese orgulloso de sí mismo de haber sido botado por su ex novia y ex jefa, o también orgulloso del hecho de que no había podido terminar su historia.

—Uhm, la única cosa de la que aún no estoy seguro es acerca de tus razones para no comprarte un auto.

—El tráfico —responde, pero su risita me dice que está mintiendo—. Eso no tiene nada que ver con asuntos relativos a tu chaqueta, así que realmente no tengo por qué responderte esa pregunta.

—Hay pocas razones por las cuales un hombre con dinero suficiente no se compra un auto y sigue usando el metro asqueroso, popular y lleno de proletarios, aún cuando su novia se lo ha pedido mil veces —le digo, bromeando obviamente.

—Eso es más profundo de lo que crees.

—¿Estás llamándome de mente cerrada?

—Brendon…

Me llama por mi nombre.

Me llama por mi nombre y sostiene mi jodida mano.

Me pregunto donde pudo haberlo conseguido, pero era bastante obvio que necesitaban al menos mi tarjeta de identidad para admitirme en el hospital. Pudo haberla tomado él mismo de mi billetera, o la pudo haber leído en cualquier otra parte.

Aprieto su mano dentro de la mía sin disolver nuestro contacto visual. Él muerde su labio inferior por un momento, y vislumbro un poco su razón, tal vez algo ególatra y conveniente, pero válida, de hecho.

Yo.

—¿Qué pasó en el metro? —le pregunto, algo inocente, mientras sigo perdido en sus ojos. En éste momento él forma parte de mi pequeño mundo, mezclando su piel pálida con las blancas paredes, sólo contrastando con su cabello acaramelado y mi chaqueta roja.

—Fue una colisión, nuestro tren chocó con otro. Nadie murió, afortunadamente —explica, ahora con una voz realmente calmada. Voy a preguntarle algo más pero mi cabeza me duele muchísimo de nuevo, haciéndome soltar un gemido bastante bajo. Él se levanta rápidamente y camina hasta que está junto a mi cabeza—. Al parecer tienes un traumatismo por este lado, te golpeaste la cabeza fuertemente —dice, apuntando al lado de mi cabeza que está más cercano a él, el derecho, sin tocarlo—. Y la barra metálica que estaba a tu lado en el vagón se rompió y se clavó en tu pierna. Sin embargo, nada fue lo suficientemente severo para poner tu vida en riesgo, según los doctores.

—¿Qué fue eso de que yo salvé tu vida? —pregunto, tratando de sacarle otra respuesta que me interesaba.

—Caí sobre ti —dice, y sus mejillas vuelven a sonrojarse involuntariamente—. Así que mi cuerpo no se golpeó con el suelo o algo más.

—Gracias a Dios que estuve allí —digo, sonriente, a modo de broma y haciéndolo sonreír también. Nunca me cansaría de su deslumbrante sonrisa, especialmente gracias a esos labios rosa suaves como la seda—. Y no pienses que lo digo por tus increíbles habilidades de enfermería, digo…

—¿A qué te refieres? —pregunta, luego de que me quedara callado por unos momentos.

—¿Por qué estás usando el metro en vez de comprarte un auto?

—Eres insistente, ¿no? —se queja, pero luego su expresión vuelve a relajarse—. Esa es una larga historia.

—Creo que tenemos tiempo suficiente para hablar de eso —digo, justo antes de que él vuelva a sentarse en la silla.

—Excepto porque esa es otra razón para que me cortes la cabeza —dice, dibujando una línea imaginaria con su dedo índice alrededor de su cuello.

—Vamos, ya para eso. Nunca me atrevería a ponerte un dedo encima, ni siquiera bromeando.

—¿Por qué? —pregunta, curioso.

—No me cambies el tema.

—¡Tú lo cambiaste primero! —exclama. No puedo rendirme tan rápido, así que intenté con uno de mis mejores recursos para obtener lo que quiero: mi cara de puchero—… está bien, está bien, tú ganas, pero sólo porque hoy eres el convaleciente —dice al final, y no puedo evitar una sonrisa de satisfacción—. Comencé este trabajo hace como seis meses, y siempre tomaba el tren expreso de las siete y media, pero era porque me gustaba llegar justo al mismo tiempo que llegaba mi jefa. Cuando comenzamos a salir, me pidió que llegara más temprano al trabajo porque no quería que los otros se dieran cuenta de nuestra relación. Planeé mi día para llegar en el tren de las siete y cuarto, pero llegué demasiado temprano a la estación, a cinco para las siete. Recuerdo haber visto a alguien esperando al tren de las siete en punto sentado en el piso con la espalda apoyada en la pared, sosteniendo un bolso entre sus piernas cruzadas y escuchando Come as you are de Nirvana. No le importaba como la gente lo miraba, de hecho, parecía como si a nadie le importaba lo que él estaba haciendo. Entonces pensé en lo que yo mismo estaba haciendo y como estaba actuando distinto para que la gente de hecho viese que tenía algo con mi jefa, a pesar de sus intenciones de esconderlo. Me sentí algo estúpido en ese momento y pensé que podría ser interesante observar a este tipo todos los días. Sé que fue algo un poco acosador de mi parte, pero…

Acosador. Ryan sigue hablando cada vez más rápido y más rápido pero lo único que puedo pensar es en la palabra acosador. No quería decirle nada porque pensé que podría ser bastante extraño, pero ahora él había admitido parcialmente que de una u otra forma me acosa… entonces, quizás, lo que yo hice no era acosarlo del todo.

—…pero, de alguna forma, esa persona ya era como parte de mi vida y…

—Ryan…

—…pensé que nunca le hablaría, pero esta mañana…

—Ryan…

—…me las arreglé para sentarme a su lado en el vagón, y por fin…

—RYAN.

Ryan deja de hablar repentinamente y se queda mirándome a los ojos. Se levanta de su silla nuevamente y se acerca a mi rostro mientras finalmente dice:

—No quise comprar un auto porque quería verte todos los días, pero era demasiado cobarde para…

Su mano estaba lo suficientemente cerca de mí justo antes de que detuviese sus palabras. Sólo tuve que halar su brazo para tener su rostro cerca del mío, muy cerca. ahora estamos respirando el mismo aire, y sus ojos aún miran dentro de los míos, al tiempo que mis ojos miran dentro de los suyos.

Avellana. Miedo. Luz. Oscuridad.

¿Amor?





Lunes.

Son las seis y media de la mañana y estoy aquí, esperando en la estación del metro mientras la gente y los trenes van y vienen, tal como lo he estado haciendo por las últimas cuatro semanas, golpeando el suelo rítmicamente con mi pie. El clima se siente un poco más cálido que la semana pasada, y estoy vistiendo esta adorable chaqueta gris militar que parece haber sido encontrada en un guardarropas a punto de ser tirado a la basura, pero aún se puede vestir. Realmente no me importa qué tan vieja sea, pero es parte de mi pasado, presente y futuro. Al parecer es bastante vieja, tiene medallas del 74 hasta el 93.

Falta un cuarto para las siete y comienzo a desesperarme. Miro a mi alrededor en la estación, como si nunca hubiese estado aquí antes. Este sitio apenas está decorado con cerámica abstracta en las paredes, algunas vallas de publicidad y un lindo mosaico rojo-naranja-amarillo en el suelo que me hace sentirme algo hambriento, al menos de acuerdo con algunos estudios respecto al uso de los colores en campañas publicitarias. De todas formas, aún no he desayunado, así que…

Mi mente deja de pensar al tiempo que siento una brisa subterránea que anuncia la llegada de un tren. Siento que le toma años detenerse, pero finalmente lo hace. No camino hacia las puertas cuando abren, sólo espero y veo como la gente se baja del vagón hasta que mis ojos captan una chaqueta roja y brillante en la multitud.

—Al fin —murmuro. Él sacude su cabeza mientras hala una gran maleta.

Le toma unos momentos hasta que me ve y una hermosa sonrisa aparece en su rostro. Camino entre la multitud hasta lograr encontrarme con él.

—¿Cómo te las arreglaste para meter esta cosa enorme dentro del metro? —e digo, ayudándolo con la maleta.

—Tú sabes como funciona el sistema, cariño —dice y luego me guiña el ojo, haciéndome soltar una carcajada.

—Por supuesto que sé como funciona: sólo caes sobre ciertas personas y luego ellos te dejarán hacer lo que quieras —digo, halando la maleta por las escaleras. Es tan pesada que sentimos como si estuviésemos escalando una montaña. Cuando llegamos a la calle, Ryan pregunta.

—¿Dónde está el edificio?

—A quince cuadras de aquí —digo, riendo, y sigo caminando mientras él sigue mirando alrededor, algo enojado—. Ven aquí, Ry. Dile hola a nuestro nuevo bebé —le grito, sacudiendo mi mano frente a un lindo Chevrolet Spark rojo.

—Mierda, Brendon, te dije que…

—Y te dije que no me importaba lo que dijeras —digo, abriendo la puerta trasera y colocando la maleta dentro—. ¿No te parece lindo?

—Bueno, parece un carro de chica, en mi opinión —dice mientras cierro la puerta trasera—. Especialmente por el color. Quiero decir, es muy «rojo beso perfecto y apasionado».

—Bueno, déjame abrirte la puerta de tu auto «rojo beso perfecto y apasionado», monsieur —digo, abriendo la puerta del copiloto y mirándolo a los ojos. Él simplemente sonríe, yo sonrío, y entonces ambos rompemos en la misma carcajada. Este es un buen comienzo… un muy buen comienzo.


“Jueves es una historia de amor sobre la que nunca hubiéramos querido escribir. Es una canción especial, quizá la más especial que nunca hayamos escrito. Nace de la necesidad de destacar cada una de las pequeñas grandes historias que demasiadas veces las estadísticas terminan eclipsando. Por una vez y durante apenas cinco minutos de música, aquel 11 de marzo de 2004 vuelve a ser sencillamente ‘jueves’.” –LOVG
Canción.

martes, 17 de mayo de 2011

"Winter Day"

Autor: Wonka.
Clasificación: General.
Género: Romantico.
Inspirado en la celebre escritora Daphne Du Maurier.





Winter Day.
Capitulo unico.






La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a
nuestros errores. Oscar Wilde.





Abrió un poco los ojos, a tal grado que solo podía ver la luz tenue que se filtraba por la ventana. Su piel se estremeció al sentir el frio, el cual traspasaba la sábana y una gran bocanada de aire llenó de oxígeno sus pulmones. Había amanecido de nuevo. Giró su cuerpo hacia la derecha y lo miró, tan tranquilo y sereno. Su respiración era pausada y una sonrisa se dibujaba en sus labios. Brendon sonrió. Amaba tanto ver dormir a Ryan que pensó en quedarse así, a su lado hasta que despertara, pero en el frio cada vez se intensificaba más. Se levantó de la cama lentamente, procurando no despertar al castaño, caminó hasta la ventana y abrió la cortina suavemente. Afuera parecía un País de las Maravillas blanco y brillante; por fin la primera nevada del año había llegado. Sonrió con placer, tomó una bata de baño, se arropó con ella y caminó hasta la cocina para después salir al patio trasero. Sintió el frio en sus pies desnudos al tocar la nieve. Caminó hasta el calentador y lo encendió para después entrar corriendo a la casa. Sus dedos se habían puesto azulados, ¡que tontería había sido salir de la casa de esa manera! Con pasos callados y temblando de frio se dirigió hasta el baño. Abrió la llave de la regadera y dejó correr el agua mientras se deshacía de la bata que lo cubría y dejaba su cuerpo desnudo al descubierto. Se miró al espejo. Se hizo hacia atrás el cabello el cual, pensaba el, necesitaba un corte y comenzó a hacer muecas. Rió sonoramente para después reprimirse, pues Ryan aún dormía. Entro a la ducha y las tibias gotas de agua besaron su nívea piel. El agua caliente era una sensación maravillosa, por un momento se le había olvidado que afuera estaban a 5º centígrados. Estuvo dentro por casi 20 minutos y salió muerto de frio. Caminó lenta y pausadamente a la habitación donde Ryan aún dormía en la misma posición. Abrió el closet procurando no hacer mucho ruido y saco en pantalón entubado color negro, una playera de manga larga blanca, un suéter tejido azul y una gran chamarra color negro. Se vistió y caminó de nuevo a la cocina tarareando "Yellow Submarine" de The Beatles, tomó una caja de cereal de la alacena y abrió el refrigerador. Dentro sólo había un par de botellas de cerveza, algunas bebidas energizantes y un bote de helado de chocolate. Un "Maldición" salió de sus labios y cerró el refrigerador con fuerza. Volteó hacia todos lados sin saber que hacer y corrió un poco molesto de nuevo a la habitación. Tomó su billetera, un par de guantes y unos lentes, se acercó a Ryan, el cual ahora dormía en posición fetal, acurrucado por el frio. Tomó una cobija y lo tapó delicadamente. De nuevo se resistió las ganas de besarlo y salió de la casa.

E Viento gélido le dio de lleno en el rostro. Miró el auto pero no le apeteció subir en el, tenía ganas de caminar, de pensar. Se frotó las manos y se puso las gafas y el gorro, lo que menos quería era alguna fan o paparazzi con quien hablar. Iba con pasos febriles y el rostro agachado, quería llegar pronto a la tienda y volver a casa lo más antes posible. Ni siquiera le ponía atención a su entorno. Cruzó una transitada calle, un pequeño parque y llego a la tienda donde compró un litro de leche descremada y una caja de cigarrillos. Pagó a la malhumorada cajera y salió del pequeño establecimiento. Volteó hacia ambos lados de la calle como buscando algo o a alguien y sus ojos se posaron en aquella solitaria y pequeña banca. La miró embelecido por unos momentos y se aproximó a ella para sentarse. Miró el cartón de leche. No había de que preocuparse, con este frio era imposible que se echara a perder. Recargó su cabeza un momento y cerró los ojos. De nuevo era de noche. Los copos caían como suaves plumas sobre sus cabezas, fríos y hermosos. Era la primera nevada del invierno.

— ¿Ryan? —dijo Brendon con voz temblorosa y sin mirarlo. Las palabras que acababa de pronunciar hacia unos minutos habían dejado al castaño mudo. Quien diría que aquellas benditas dos palabras, provocarían ese sentimiento en el. Algo tan grande y maravilloso, algo que no podía describir; algo que había estado guardado y que quería gritar al mundo entero.

Ryan lo miró con dulzura y apretó su mano cubierta con un guante. Brendon sonrió.

—Yo... —dijo el castaño e hizo una pausa la cual le pareció desesperante— Yo, también Te Amo Brendon, demasiado...

El pelinegro lo miró con una mezcla de nervios y felicidad. Abrió y cerró la boca varias veces sin saber que decir. Era como si el mundo, no más bien el tiempo, se hubiera detenido y solo existieran ellos dos. Tomó a Ryan dulcemente por la mejilla, lentamente se fue acercando a sus labios y delicadamente lo besó en la comisura de los labios, mientras ese besó que parecia infinito, se fue intensificando cada vez más. Era el momento perfecto.


Abrió los ojos de nuevo. La poca luz que había alumbró su rostro. Sonrió, ¿Como poder evitar aquel momento?
Se quedo un rato más pensando, el gorro ya se había caído de su cabeza y las gafas comenzaban a molestarle. Estaba dispuesto a levantarse para irse, pero un par de gritos lo hicieron detenerse un momento. A unos pocos metros de el, una pareja aun más joven que el y Ryan discutían fuertemente. Sabían que no era el lugar ni mucho menos el momento preciso, pero como el lugar estaba totalmente desierto, aún no se habían percatado de la presencia de Brendon ahí.

— ¡Sabes que no puedo hacerlo, ni lo uno ni lo otro, Sally! —dijo el muchacho desesperado. Intentaba acercarse en vano a la chica la cual se alejaba de él dando pasos hacia atrás.
—Ya no puedo soportarlo más Justin, ya no puedo, ¿No ves que estamos ambos en peligro?
— ¡No me importa! —dijo el muchacho agitado — ¿Acaso no te has dado cuenta de lo que siento por ti?
—¡Claro que sí! —y la chica comenzó a llorar — pero no es mi culpa, mis padres me presionan demasiado, ¿si?
El muchacho la miró con una mirada triste y seria. Se acerco a ella y la abrazó fuertemente.
—Te prometo que saldremos adelante con todo esto, ya lo veraz, todo se puede arreglar Sally, y lo nuestro no es imposible.
La chica lo rodeó con sus brazos y continúo llorando en silencio.
—Lo sé, todo saldrá bien... —dijo con la voz cortada.

Brendon no podía evitar mirarlos. Era un momento incierto, como si ellos no estuvieran ahí, pero a la vez tenían que estar ahí. Su mirada oculta bajo las oscuras gafas se cruzó con la del chico; sintió como sus mejillas tomaron color y rápidamente bajo si cabeza. Sentía bastante vergüenza el haber sido descubierto, en alguna forma, husmeando. El chico besó suavemente la cabeza de su pareja y se alejó de aquel solitario parque.
Brendon no pudo evitar pensar en que les depararía el futuro. No sabía sus problemas y en el fondo deseaba que les fuera bien. Recargó de nuevo la cabeza sobre el duro metal de la banca y miró el cielo nublado. Cerró los ojos de nuevo y dejó que su mente le teletransportara a aquel frio día de enero. Se encontraba en la sala de su casa. Ryan no lo miraba, si no al suelo. El yacía enfrente de Ryan si saber que decir o hacer. Sentía una horrorosa sensación de tristeza y rabia.

—No puedo creer lo que dices... —dijo al fin, luego de varios segundos de silencio.

—Entiende que esto es más duro para mi Brendon, pero aun no estoy listo para todo esto.... —dijo Ryan aun mirando al suelo.

—Lo que pasa es que tienes miedo —dijo Brendon lleno de rabia— eres todo un ególatra egoísta que solo le importa el que dirán, oh por favor Ross, ¡no me vengas con cuentos ahora! ¿Acaso te importa más lo que la gente dirá que lo que tú y yo estamos viviendo ahora?

— ¡Por supuesto que no! —gritó Ryan ofendido — ¡Agh! Sabía que reaccionarias de esta manera, joder, sabía que no entenderías nada. Date cuenta, Brendon, no somos dos personas normales, nos siguen paparazzis, estamos por todo internet, ¡Somos dos figuras públicas!

—¿Se trata de eso? ¿Fama? ¿A que le temes, Ryan? ¿A que todos se den cuenta de que... —hizo una pausa- de que estás conmigo? ¿Alguien precisamente de tu mismo sexo?

Ryan lo miró con cierta desconcertación. En cierta forma era verdad lo que decía. Tenía tanto miedo de lo que las demás personas pensarían, de lo que su familia pensaría. Es cierto que el Ryden ya era un tema común en los conciertos, pero esto era totalmente diferente. Eran sentimientos reales, y no estaban sobre un escenario. Sintió un malestar, algo subiendo por su garganta, quemándolo como a ácido cáustico.

—Perdón... —dijo con un hilo de voz.

—¿Perdón? ¿Es todo lo que vas a decir? —Gritó Brendon con rabia— no lo puedo creer, ¡no puedo creer que solo pienses en ti! Yo también deje muchas cosas para estar contigo, y sabes que, la opinión pública me vale un carajo. ¡Jodete, Ryan!

Salió precipitadamente de la casa. Lo que menos quería era ver la cara de Ryan, el cual se quedo aún quieto aclarando sus ideas. Sentía que el mundo se le había venido abajo. Y corrió, corrió hacia aquel lugar donde había besado a Ryan por primera vez, a donde irónicamente se encontraba en ese momento....
Se sentó a la sombra de un frondoso árbol y hundió su cabeza en sus rodillas para después comenzar a llorar. No quería perder a Ryan, lo amaba demasiado, pero no podía obligarlo a hacer algo que no le gustaba. Odiaba ser tan débil, odiaba que Ryan fuera de esa manera, odiaba que aún no se hubiera dado cuenta de todo lo que el dejo para estar con él, solo con él.
Las lágrimas frías y saladas seguían deslizándose por sus rosadas mejillas. Quería gritar, correr, golpear a alguien. Sentía una desesperación infinita, sabía perfectamente que no podía hacer nada. Y así pasaron 30 largos y agotadores minutos. Seguía con esa ridícula posición debajo del árbol aún llorando su "perdida", cuando alguien lo rodeo fuertemente con los brazos. Ni siquiera se tomó la molestia para ver quien había sido, no quería mirar ni hablar con absolutamente nadie.

—Te Amo tanto... ¿Lo sabías? —dijo la quebrada voz de Ryan.

Brendon lazó la mirada y vio a Ryan con sus ojos hinchados. ¿Había oído bien? ¿o solo era lo que su imaginación quería?

—¿Que dijiste? -preguntó frotándose los ojos.

—Que Te Amo. Si, Brendon, por favor escúchame. Te amo demasiado como para terminar esto y tienes razón soy... ¡Agh! ¡Un cobarde!

—Después de lo que ocurrió no se si pueda creerte... —Dijo el pelinegro y se levanto tambaleándose, para después caer al piso pues tenía las piernas dormidas. Parecía un borracho. Ryan corrió hacia él, lo tomó del brazo y lo levantó, rodeando con el otro brazo del pelinegro su nuca.

—Ya sé que lo que te dije fue una tontería, ¡pero por dios entiéndeme! es la primera vez para mí y estaba confundido...

—También es la primera vez para mí y tengo las cosas bastante claras Ross, no fuiste el único que tuvo que pasar por mucho con esto, y no eres el único en esto.

Ryan lo miró fijamente a los ojos y comenzó a llorar. Brendon sacudió la cabeza un poco y quito su brazo de la nuca de Ryan, para abrazar fuertemente al castaño.

— ¿Por qué lloras? —preguntó Brendon acariciando la cabeza del castaño.

—Por qué tienes razón, solo estuve pensado en mí, me sentía solo, cuando en realidad no lo estaba... ¿Crees que soy un tonto?

Brendon rió y beso la cabeza de Ryan— Y uno muy grande, pero eres mi tonto, confórmate con saber eso.

Ryan sonrió ampliamente y besó a Brendon con fuerza.

—Te amo, Urie, perdóname por mi actitud...

—Está bien cabeza de chorlito, desde ahora todo saldrá bien, te lo prometo —y volvió a besarlo en la comisura de los labios.


Abrió los ojos abruptamente pues algo había caído a su nariz. Enderezó su cuerpo y vio como los pequeños y delicados copos caían del nublado cielo. Sonrió. Le encantaba ver nevar y ese día era el más perfecto. Alejó de su mente aquello que lo lastimaba, tomó el cartón de leche y se levantó para alejarse de aquella banca de metal, que de nuevo se quedaba solitaria.

Iba con pasos más tranquilos. Tomó la caja de cigarrillos, sacó uno y lo encendió. Se detuvo frente a una calle la cual no podía cruzar y una chica se le quedo mirando curiosa. Había olvidado que no traía puesto el gorro de su chamarra y rápidamente se lo puso encima. Desvió su mirada hacia el semáforo el cual cambó a rojo y cruzó rápidamente la calle. Dio dos sorbos más a su cigarro y lo tiró a la nieve. Caminó unas seis casas más y vio una pareja de chicas las cuales se regocijaban de estar juntas. Formó una sonrisa con la comisura de sus labios y siguió caminando.

Abrió la puerta sigilosamente. El silencio aún reinaba en la casa. Ryan aún dormía. Dejo la leche en la cocina y caminó hasta la habitación. Se acostó a la derecha del castaño y besó su frente cálidamente.

—Buenos días. —susurró Brendon al ver que Ryan se había movido un poco.

—Hey, hola —susurró Ryan abriendo un poco los ojos—Estas helado. ¿Adónde fuiste?

—Ah, solo a hacer unas compras, no te preocupes —dijo Brendon con una sonrisa.

—Eso que ahí en tu cabeza es...

Pero no termino de hablar, puesto que Brendon le había plantado un beso en los labios. Ryan se dejó llevar por el momento y comenzó a besarlo con dulzura.

—Feliz aniversario, amor —susurró el pelinegro separándose un poco de los labios del castaño. Ryan esbozó una enorme sonrisa.

—Con que hoy es la primera nevada. Bueno, Igualmente para ti mí, BrennyBear —tomó el rostro del pelinegro y comenzó a besarlo cada vez más apasionadamente, hasta quedar encima de él.

—Te Amo tanto, ¿Lo sabías? -dijo Brendon mirándolo fijamente a los ojos, incapaz de mover los brazos aprisionados por las manos de Ryan.

—Y yo a ti —dijo acercándose lentamente al cuello de Brendon el cual comenzó a morder con delicadeza. Brendon se estremeció y rió. Le fascinaba que la manera en la que Ryan lograba excitarlo a un punto maravilloso.

—Así que, ¿Este será mi regalo de aniversario? -dijo el pelinegro con una enorme sonrisa.

—Disfrútalo —dijo Ryan con una mirada picara y comenzó a desvestirlo lentamente. Siguió besando su cuello, luego pecho y estómago hasta llegar a la entrepierna. Brendon cerró los ojos y se dejo llevar por el placer que le provocaba la boca de Ryan en ese momento. Luego de unos minutos, tomo a Ryan de la cintura y comenzó a penetrarlo, haciendo movimientos de arriba a abajo. Sus gemidos no tardaron en aparecer, rompiendo el silencio de la habitación, en la cual, el frio no podía sentirse. Luego de unas horas, terminaron empapados de sudor y exhaustos. Ryan se acurrucó en el pecho de Brendon y delicadamente besó sus labios.

—Sin duda, el mejor regalo de aniversario del mundo —dijo el pelinegro besando la cabeza del castaño.

Ryan sonrió y cerró los ojos para después quedarse dormido en su lugar favorito: el tibio cuerpo de Brendon.


Afuera la nieve caía cuan suaves plumas, inundando las calles con su masa blanca y brillante. Las personas prendían las chimeneas para tener calor y los niños jugaban alegremente con la nieve, pues no había escuela, mientras dentro, algunas personas se regocijaban una de la otra, suspirando, anhelando o simplemente amando. Eran los indicios de que sin duda, era La Primera Nevada del año.

domingo, 1 de mayo de 2011

"Ryan did it"

Autor: Michie
Clasificación: General.
Género: Romance.





Ryan did it.
Capitulo unico.





Siempre trataba de huir de mis pensamientos, de mis sentimientos, y no me daba cuenta de que cada vez que lo hacía, solo conseguía huir de mí mismo, esto parecía acabarme, me consumía cada día al levantarme y mirarme al espejo, las cosas se volvían confusas y simplemente las cubría con una brillante sonrisa que desde siempre me venía caracterizando, sé que estaba mal, pero, me estaba volviendo una persona falsa, ya no era el mismo de antes, sentía que algo me hacía falta, pero el problema es que no sabía qué. La aflicción me devoraba día día, minuto a minuto, me consumía la vida, era triste ver que después de cada concierto las fans nos miraban tan alegremente, eso me hacía feliz, pero por alguna razón volvía al principio, y mi vacío continuaba ahí presente.

—Lo que te hace falta es una buena chica, una buena novia —Me decía Spencer con unos grandes ojos entusiasta mientras desayunábamos en la cafetería del estudio de grabación.

—Tal vez —Conteste desganadamente— Tengo a Sarah, es una gran chica, pero no se hay algo que me hace sentir vacío, no sé.

—O tal vez te estarás poniendo paranoico, mister Urie? —M; decía la voz de Spencer con un tono bromista

—Yo sé que no es así —Dije sonriendo— Ojala este sea el día en que averigüe el porqué de este extraño estado que viene en mi desde hace ya mucho.

Y así fue, aunque resulte extraño, ese día supe lo que faltaba a mi alma y a mi corazón, ese era nada más y anda menos que mi amigo Ryan Ross, está bien, no diré ‘amigo’, porque sé qué hace cuatro años nuestra relación fue incluso más allá de unos simples amigos, recuerdo que una noche después de un concierto enojado me decía:

— ¿Hasta cuando vas a seguir toqueteándome frente al público? ¡No ves que las fans se dan cuenta de esto!

— ¿Tienes miedo a ocultarlo acaso? Porque yo no —Dije con cautela aquella vez.

—Brendon tu sabes que te amo, pero no quiero arruinar esto.

— ¿Arruinar qué? si nuestra amistad es perfecta.

—A eso me refiero, tengo miedo de que algún día acabe por lo que estamos a punto de cometer ahora.

No le hice caso, solo le sonreí y esa fue la primera vez que lo bese con premura, con delicadeza que después se convirtió en pasión y terminamos acostados y enredados en las sabanas de su cama. Lastimosamente eso era pasado, ya había terminado, ni siquiera supe porque termino, solo supe que todo llego a su fin. Pasaron los meses, dejamos de hablarnos, curiosamente una tarde al encontrarnos en el barrio volvimos a hablar, pero ya nada era como antes, nuestra relación se volvió algo superficial y no pasábamos más allá del ‘hola’ y ‘¿cómo estás?’ por suerte nuestra relación nunca se oficializó, hubiera sido un verdadero caos al momento cuando decidimos separarnos y Walker junto a Ross se fueron y decidieron formar otra banda.

—Brendon, ya es hora de entrar a la sala de grabación. —Me dijo Spencer interrumpiéndome en mi reflexión

—Okay, ya voy —Le dije desapoyándome de la ventana que es en donde había estado los últimos 20 minutos
Después de eso, el resto del día me la pase escribiendo letras dedicadas a Ryan, creo que tenía razón Spencer de lo de paranoico, pero era lo que hoy quería hacer. Sarah se acercó a mi dándome un suave beso en la comisura de mis labios anunciando que hoy saldrá con sus amigas, le respondí con un gesto alegre y agite mi mano despidiéndome de ella. Al pasar las horas continuaba ahí, casi inmóvil pensando en el pasado, creo que me había atrapado en él, necesitaba a alguien que me sacara de ahí.
Conocí a Sarah aproximadamente 3 años atrás, recuerdo que al momento de verla, me volví loco por ella, tanto que le hice un canción para conquistarla, luego comenzamos a salir y dentro de unas semanas más me hice novio de ella, comencé a ver en las redes sociales algunas molestias de mis fans, primero pensaba que algún día ellas me iban a entender de que la amaba, pero después fui yo el que entendí de que verdaderamente no era a Sarah a quien precisamente amaba, porque al fin y al cabo, descubrí que había una pieza faltante a mi alma.
“Dame una señal, quiero creer…”Fue lo que escribí en el papel que luego arroje a la basura.
Eso correspondía a una canción a medio hacer que me puse a escribir en los momentos que comencé a recordar a Ryan. Al pasar un minuto volví a la papelera recogí el papel y encontré la canción perfecta, comencé a pensar en cada minuto de mi vida y la inmortalice en la pintura que adornaba la pared de mi living, la mona lisa, creo que así se llamara mi próxima canción, pensé, era como esa obra de arte, todo tan abstracto, tan misterioso, tan sensorial, en eso alguien llamo a mi celular.

— ¿Aló? —Dije cortando el silencio que se había producido hace un instante.

— ¿Aló, Brendon? —Dijo la voz del otro lado del aparato.

—Sí, soy yo. ¿Quién habla? —Conteste, entonces se produjo un silencio y esa persona corto.

Este día había sido bastante extraño, primero mi reflexión que salió de la nada esta mañana, después las canciones estúpidamente dedicadas a Ryan ¿y ahora esto? Alguien me llama y no dice quién es, es mejor que salga a distraerme. Tome mi guitarra y la traje conmigo hacia el patio de mi casa, al salir me senté en el césped y comencé a tararear mi nueva canción.

—Ya veo que sigues siendo el mismo gran artista que conocí varios años atrás.

— ¡Ryan! —Exclamé casi gritando, no podía creer que era él — ¿Qué haces acá?

—Oí tu melodía, me encanto tanto que decidí ir en busca de ella y te encontré a ti tocándola.

— ¿Te gusto?

—Sí, está realmente buena.

Me quede fundido mirando ese par de ojos marrones algo verdosos que caracterizaban la enigmática mirada de ese flacuchento castaño, que por cierto sentía que amaba, el día parecía nublado, pero en exceso, tanto que las nubes amenazaban con llover, los goterones fueron cubriéndonos de a poco hasta mojarnos casi por completo, pestañee secándome el agua lluvia de mis ojos y me levante con la guitarra en mano.

—Ven te invito a mi casa, no quiero que te mojes —Dije alegremente a Ry, entonces él accedió.

No sé por qué lo hice, pero lo invite, entramos a mi casa, Ryan al pasar el umbral de la oscura puerta que se dibujaba en mi casa cerré la puerta lentamente, dejando la guitarra a un lado y sacándome el chaleco que traía empapado en agua.

—¿No quieres que te invite unos tragos? —Le dije a Ry mientras sentí como caía la lluvia sobre el tejado.

—No te preocupes, Bren, sabes, quiero decirte algo —Dijo con algo de rubor en su semblante, eso me hizo sonreír cálidamente, extrañaba esos viejos gestos.

— ¿Qué cosa? —Acote sorprendido

—La persona que te llamo y no contesto….era yo —Dijo sonrojándose aún más y mirando al suelo.

Sonreí nuevamente, ahora sentía que volvía a expresar una sonrisa en mis labios sin que fuera fingida, pero fui yo el que ahora no contestó, me acerque ligeramente a Ryan, él se apoyó contra la puerta y cuando mis ojos se cerraron, mis labios y los suyos se volvieron a reencontrar después de un par de años o quizás más, años que por cierto, parecieron siglos después de haber estado viviendo sin el cada uno de esos días.

— ¿Por qué lo hiciste? —Me dijo Ryan después de haberle besado.

—Perdóname, fue solo un impulso. —Conteste tratando de excusarme.

—No sabes cuánto extrañe esto —Dijo tomándome por las mejillas besando mis labios una vez más pero esta vez con algo más de pasión.

Llegamos al borde de mi cama, estábamos en mi cuarto, Ryan comenzó a besarme por donde se le antojara, arrebate cada prenda que traía tan rápidamente como si el tiempo se me fuse a acabar, al cabo de segundos los viejos tiempos comenzaron a repetirse como cuando éramos aun una banda de 4, los gemidos iban y venían, sentía como parte de Ryan entraba y salía de mi cada vez más rápido, quise cambiarle de lugar y después yo era el que se sumergía en lo más profundo de su cuerpo, una gota de sudor corría por mi frente resbalando por mi mejilla legando hasta mi mentón, cerraba los ojos cada vez que Ry entraba dentro de mí, no me atrevía a verlo, solo conseguiría ver su placer en su rostro, cosa que acabaría por excitarme más, ya casi no recordaba la última vez que acaricie a Ryan acariciando cada rincón de su cuerpo, a pesar del frio, parecíamos no sentirlo, el calor que nos proporcionábamos era suficiente como para sentirnos satisfechos, la lluvia caía sonoramente sobre el techo de mi casa mientras Ryan y yo lo hacíamos enérgicamente, estuvimos así gran parte de la noche hasta caer rendidos sobre el colchón de la cama bañados de un grueso sudor.

—Brendon. —Dijo Ry susurrando por encima de mi rostro, pudiendo sentir su cálido aliento sobre mí

—¿Si, Ryan? —Dije apartándole un mechón de su frente, esos mechones que hace tiempo no tocaba

—Te amo.

—Yo también te amo-confesé vagamente mirando con ternura sus misteriosos ojos.

Ahí me di cuenta de que verdaderamente lo amaba, que el también me amaba y aunque huyéramos de nuestros sentimientos, siempre serán estos los que terminen ganando la batalla con nuestras mentes, era inútil retroceder el tiempo atrás, no podíamos cambiar nada de lo que había sucedido, nuestra separación, el momento en que erramos y dejamos que ya no nos viéramos más, pero sobre todo no podíamos cambiar el sentimiento que nos sentíamos, era evidente de que nos amábamos.

Prometí nunca separarme de él y nunca dejar de amarle hasta que mi vida terminara, Ryan sonrió levemente como él solía hacerlo y apoyo su cabeza contra mi pecho, me estremecí haciendo que mi corazón latiese desenfrenadamente, antes de dejar que el sueño cayese sobre nuestros cuerpos me dijo un último te amo y me beso tiernamente, eso marco el fin del vacío que por cuánto tiempo busque una explicación concreta y precisa. Todas las emociones fluidas, todo ese sentir tan peculiar, esa sensación desgargante que me corrompe el corazón, todas eran causadas por la misma persona, no cavia duda alguna, Ryan did it.

viernes, 25 de febrero de 2011

"Time to remember".

Autor: Valentina
Clasificación: General.
Género: Romance.



Time to remember.
Capitulo unico.



Venía ya cansado de un agotador día, cosa que se extrañó ¿Qué hizo para terminar así hoy? Sí lo único que hacía realmente era pensar él ‘Porque’ se tomó un tiempo con la banda. Le agotó las llamadas interminables que hacía cada miembro de la disquera por la reacción que tuvo al respecto, todos pensaban que era por su mal humor que siempre tenía, pero nadie sabía la verdadera razón de porque se comportó así.
Con rabia sacó bruscamente la llave de su bolsillo y abrió la puerta de su departamento, con mirada hacía el suelo; agarró sus bolsos y maletas para entrarlas, sacó la llave de la cerradura y cerró la puerta con un sonoro golpe, las tiró lejos de su vista y se extrañó al no escuchar el golpe, que ésta daría si cayera en cualquier lugar. El castaño frunció el ceño mirando sigilosamente lo que podría estar detrás del sofá.
Palideció en ese momento.
Una señora de aparentemente mayor, pero con aspecto joven lo miraba con una sonrisa, su cabello castaño largo y unos ojos color marrón llamaron su atención…
Idénticos a los de él.
— ¡¿Qué haces tú aquí?!
— Es obvio que no me recordarías, cariño —sonrió tristemente, para pararse de su sitio y darse la vuelta para verse cara a cara con el castaño, éste dio un paso hacía atrás por precaución. — No podría hacerte daño, Ryan —Él corazón del aludido empezó a bombear rápidamente, ésa voz que demostraba tanto cariño, extrañamente le resultaba familiar.
— Todavía no has respondido a lo que te pregunté —pronunció con voz fría.
— Soy Marlene –El corazón de Ryan paró en ese instante. —Soy tú madre, Ryan.

— ¿Cómo que será la última vez que nos veremos? —preguntó con miedo el castaño.
— Lo siento hijo, pero encontré a alguien que…bueno…me quiere.
— ¡Yo también te quiero! —la cortó con lágrimas en sus ojos, Marlene se agachó a su altura y con sus manos quitó los residuos de agua que emanaba desde los ojos de su hijo, pero Ryan se alejó bruscamente de ella. — ¡Suéltame! —le gritó apartándole las manos cerca de él y su madre sin pensarlo le dio una bofetada.
El castaño no comprendía…Su madre que tantas veces lo había defendido cuando llegaba los fin de semanas a visitarlo por el divorcio, la que tantas veces hizo retractar a George de que no lo golpeara…ahora ella misma hizo lo mismo.
—Yo…Ryan...
—Aléjate —le cortó sin ningún sentimiento en su voz, sonaba fría; como se refería a su padre.
— Cariño, yo… —Ryan se paró y caminó dándole la espalda.
— Desde ahora…no tengo Madre.
Y como dijo ella, fue la última vez que se vieron.


— ¡Ryan! —lo zamarreó para que volviera a la realidad, lo que no parecía hacer el de ojos marrones. Y cuando reaccionó, se separó bruscamente de ella, retrocediendo hasta que su espalda sintió la fría pared. —Hijo…
— Vete…—murmuró con voz áspera, como si estuviera a apunto de llorar.
—Ry…
— ¡No sé quien eres! ¡Vete de aquí, vieja loca! —la tomó del brazo con brusquedad y abrió la puerta, dejándola afuera. Marlene quería reclamar, pero se lo impidió un portazo que por nada le plantaron en su cara; por su propio hijo.
¿Y es que en verdad Ryan se tomó en serio su ‘Desde ahora…no tengo Madre.’ Tal vez… Realmente la borró de su vida.

Después de sacar a Marlene de su vista, se permitió llorar; corrió hacía su habitación, tirando todo a su paso. Tiró libros, desarmó su cama, rompió sus discos y se detuvo cuando quedaba lo último.
Una foto de su difunto Padre.
Miró con detenimiento aquel pedazo de papel, su papá salía con uniforme de la marina, sollozó desgarradoramente sin saber porque…Él nunca fue cercano a su padre, no lloró en su funeral y ahora ¿Por qué lo haría? Tiró la fotografía lejos y ésta impactó con la muralla.
Ahora necesitaba más que a nada a Brendon, pero ¿Quería responderle después de todo lo que le dijo hoy? Ignoró eso, y tomó su celular para marcar a Brendon. Intentó innumerables veces y como se lo esperó, él nunca contestó.
Aunque no sabía que hacía unos segundos un Brendon estaba en el estacionamiento de afuera debatiéndose si entrar o no.

Brendon se quedó afuera mientras escuchaba el sonido de su celular unas veinte veces y una sonrisa de melancolía emanaba cuando sentía el principio de Michelle una canción sin duda elegida por Ryan.
Cuando pasaron unas cuatro horas, decidió entrar a la casa del castaño, se bajó del auto y emprendió camino hacía la puerta de la casa de Ryan, buscó las laves que siempre el chico dejaba escondida bajo el macetero derecho donde estaba una enredadera, que el mismo se atrevió a regalarle.
Cuando entró a la casa, se quedó en piedra al observar el panorama; Todo estaba roto, el sillón dado vuelta y todo deshecho, rápidamente esquivó todo para correr a la habitación del guitarrista y no se extrañó al ver el cuarto en peor estado, con latas y botellas de cervezas regado. Miraba de lado a lado, pero no había rastro de Ryan.
Hasta que sintió sus sollozos.
Corrió hacía al baño de donde provenían estos, y al abrir la puerta bruscamente pudo ver el cuerpo de Ryan, en posición fetal en el frío cerámico y llorando desgarradoramente; como un niño.
— ¡Ryan! —gritó preocupado Brendon, el castaño levantó la mirada hacía el de cabellos color azabache.
—Bren…—susurró a apenas. El chico lo abrazó con fuerza, jamás lo había visto tan indefenso, siempre le demostraba que era un chico fuerte, que luchaba por hacer valer su opinión, pero nunca lo había visto llorar, ni cuando falleció su padre.
— ¿Qué te sucedió, Ry? —lo apretó más a él y comenzó a hacerle masajes en su cabello tan suave que le encantaba. —Apestas a alcohol…—acusó.
— Ella…no…no quiero recordar…—dijo entrecortadamente y el pelinegro no comprendió.
— ¿Recordar? ¿A quien? —inquirió confundido, Ryan suspiró…No quería, esa mujer había desaparecido para él y él no tenía, ni tendrá una madre.
— Nadie…—Brendon lo observó y los ojos de Ryan comenzaron a lagrimear. — Brenny…—dijo con voz gangosa.
— ¿Si, Ry? —le sonrió de medio labio, tratando de animar al castaño., con la voz más dulce que podría haber pronunciado.
— Te amo…—admitió nostálgico.
— Oh, Ryan…yo…
— ¿No me amas? —preguntó con miedo en sus ojos. Brendon lo interrumpió con un corto beso en los labios, que dejaron casi sin respiración a Ryan.
— ¿Me dirás quien era? –acarició su mejilla y quitándole el rastro de sus antiguas lágrimas.
El mayor hizo una película mental de los recuerdos recientes y antiguos de su madre y no dudó en responder:
— Nadie que yo conozca y valga para mí ahora. —sonrió lo que más pudo y el pelinegro lo abrazó, sin darse cuenta de la gran mentira que le había hecho. — ¿Y…entonces…me amas?
— Te amo…
Más de lo debido…
Marlene observaba la escena desde la ventana, más escondida de la casa de Ryan, sabiendo que su hijo al fin estaría en buenas manos.
— Lo que tú no hiciste George, ese chico lo hizo.

jueves, 6 de enero de 2011

"Oscar Wilde tenía razón".

Autor: Eve Suárez
Clasificación: General.
Género: Romance.



"Oscar Wilde tenía razón"
Capitulo unico.



“Uno debería de estar siempre enamorado, pero nunca deberíamos casarnos”.



Cerró los ojos haciendo un mínimo esfuerzo en ello apretándolos son esfuerzo. A toda costa intentaba dejar de darle vueltas en su cabeza pero, simplemente no podía creer que al final había terminado como siempre temió. De pronto debería de considerar hacer más caso a si mismo que a sus tontas especulaciones y utopías sobre la vida.
Dejo la habitación marcando el drama en el portazo que dio al salir al escuchar un “¡Brendon!” y dejó escapar todo el aire de sus pulmones en un suspiro profundo. Lo pensó dos veces y la idea de regresar a la habitación no podía antojársele más estúpida. En otra ocasión quizá lo hubiera hecho, y quizá lo hubiera considerado antes de bajar las escaleras, pero ya no, estaba cansado. Cansado de todo.
Miro la maleta cercas de la puerta y reparó que jamás había sentido esa ausencia de duda con anterioridad. No sabía exactamente si debería de preocuparse al respecto o sentirse conforme de que había tomado una decisión y nada lo iba a ser cambiar de opinión.
Si, estaba decidido y no cambiaría de opinión.

Pronto escuchó el sonido de la guitarra llegar a sus oídos e inundar la casa como millones de veces lo había hecho anteriormente. Esta vez era un sonido rápido y sin interrupción alguna, sin ser calmado y sonando prácticamente como si la guitarra estuviera siendo torturada. Solo una cosa se le vino a la mente, estaba molesto. Sonrió sin saber cuál era el motivo principal de aquella sonrisa. Quizá porque al menos eso significaba que aún le importaba, y lamentablemente, no lo suficiente como para salir y arreglarlo. Y quizá era su ego o aquella terquedad de querer siempre tener la razón o al menos engañarse con ello. Cualquiera que fuera la razón, no estaba precisamente en posición de hacerlo cambiar de opinión. Lo había jodido todo.

Entendía hasta cierto punto el por qué pero cuando más lo pensaba más irónica se le hacia la situación, a veces se reía en silencio de lo gracioso que era, de todas las cosas que lo habían echado todo a perder de un momento a otro. Todos habían sido pequeños detalles insignificantes que unieron fuerzas para crear un círculo de discusiones sin sentido. De pronto comenzaba a creer que esa era una de las pequeñas letras casi invisibles de los contratos. Jamás las leyó y jamás las imagino posibles. Quizá sí, pero no con ellos juntos, no en su matrimonio.

De un momento a otro recordó vívidamente el día en que su madre, con unos ojos que suplicaban más de lo que su voz lo hizo, aconsejándole que no se casara. Que lo reconsiderada muchas veces antes de darle un sí definitivo. No sabía si arrepentirse por no haberle hecho caso o sentirse mal que por pensarlo siquiera. Era solo que creyó saber cómo era él y creyó haber amado todo de él; no era como si no lo amara ahora, sino que simplemente tras estar con él de sol a sol, las cosas cambiaban radicalmente. Y mucho, se atrevía a decir.

Su matrimonio se había vuelto como un fin de semana en el cine a ir a ver la mejor película romántica de toda la década. Dentro todo era amor, dulzura, quizá lágrimas, algunas peleas y un hermoso final feliz. Todo se olvidaba por una hora y cuarenta minutos, vivías la vida color de rosa que la película mostraba, porque no era tu vida la que estaban mostrando y porque te enamorabas de la idea de que siempre fuera asi, pero a la hora de terminarse, de salir del cine, la vida seguía ahí, y no era color rosa, no había buenos diálogos planeados y ni siquiera existía esa facilidad con la que se arreglaban los problemas. La vida seguía estando ahí, hermosa pero tan cruel e imperfecta como la película nunca lo mostro. Los detalles de las peleas y los problemas, quizá las desilusiones y a veces separaciones, eran las escenas eliminadas en el guión de la película, sólo para ser la más taquillera.
La estancia en el cine fueron sus primeros años de matrimonio y abandonar el cine sus últimos meses.

“Nunca se te quitara esa manía de lavar los trastes tan noche”

No quiso prestar atención porque sabía que había pasado tiempo a sus espaldas mirándolo fijamente. La música había parado lo que le dio a especular que se había tragado su orgullo sin dejar de ahogarse con él y de alguna forma u otra estaba ahí, parado sin saber exactamente lo que tenía que hacer. Y es que así es Ryan Ross, la persona con la que no se había casado, o con la que al menos no conoció hasta los últimos meses. Podía descubrir por sí mismo que había sido su culpa, pero no lograba dejarse culparse por algo que creía no ser el culpable. Toda la contradictoria en sí mismo crecía cada vez más, no importaba cuantas veces se reiterara, siempre volvía al conflicto interno. Pudo manejarlo hasta cierto momento de su vida junto a él, pero de pronto nada parecía perfecto y todo se quebraba lentamente. Ryan era así, lentamente aprendiendo lo que estaba mal, encerrándose en su cabeza, debatiendo consigo mismo, pensando de más y al final, cuando lo comprendía y sabía que su error había sido grande, no encontraba las palabras ni acciones para disculparse.

“Déjalo. Lo hare mañana.”

O a veces simplemente no quería.

“Está bien” dice, sin prestar mucha atención en que ha vuelto a dirigirle la palabra. Ryan Ross causaba ese tipo de efectos en él. Era sólo que lo amaba tanto, no podía odiarse por eso aún. “No es como es como si tuviera prisa en irme”

“Yo solo pensé que…”

“Olvídalo” pide, enjuagando el último plato de su última cena… juntos.

Respira profundamente recordándose todos los factores que le hicieron tomar esa decisión, porque está a punto de fallarse a sí mismo y abandonarlo todo. Mandar a la mierda todo, de nuevo, como la última vez que intento hacerlo y que él usara inconscientemente sus poderes contra él y lo llevara a la cama a hacer el amor toda la noche. Aunque verdaderamente la principal razón fue que de pronto no se lo imaginaba a Ryan sin él, y si lo hacía, sólo vagaba en su mente la imagen de él haciendo canciones del como logro superar la relación, algo como mentirle a lo que siempre fue su verdad y seguir adelante, bien librado, creyendo que engaño a todo mundo cuando él engañado sólo era él y simplemente él. Y a veces, imaginar a Ryan sin él parecía egoísta, pero no soportaría verlo engañarse a si mismo y saber, a pesar de que lo escondiera con una máscara, que estaba destruido por dentro, con el corazón roto, advertencias por no pagar los servicios a tiempo y regresando a su estilo hippie pero remasterizado. No puede imaginarlo, en realidad, no puede pero ahora intenta que no le importe. Y algo en le está ganando cuando limpia el fregadero y enjuaga sus manos bajo el chorro de agua. Espera a que sus preocupaciones se vayan como el jabón en sus manos y simplemente no pasa, “Oscar Wilde tenía razón”.

Lo escucha reír detrás de él como si estuviera escuchando el mejor chiste de toda su vida, porque sabe a lo que se refiere y saber que el engreído de Oscar Wilde tiene razón, la mayoría del tiempo, como siempre. Pero es muy tarde para retractarse porque ahora tienen el peso sobre uno de sus dedos en sus manos, y ahora parece tan insignificante.

Cuando se gira sobre sí mismo Ryan se encuentra a una corta distancia de lo que antes lo estuvo, recargado sobre la mesa barra en medio de la cocina, con la sonrisa de su risa anterior aun es sus labios, esperando, claramente, que dijera algo. No hay nada que decir, al menos no ahora.

Por una fracción de segundos se arrepiente tanto pero frena la idea antes de que esta inunde sus pensamiento, porque, por Dios, el sexo. Sólo de recordarlo algo en el estómago se retuerce, no es precisamente la excitación.
Le suena realmente irónica la sensación en su estómago, porque de un momento a otro todo sobre el sexo había cambiado. No era como si ahora le provocara desagrado, porque de haberlo hecho, hubieran dejado de hacerlo desde hace meses, solo era que era eso precisamente, sexo. No era hacer el amor como al principio, sólo era la necesidad pura ordenando, queriendo más y siendo escandalosa. No había motivos especiales e inclusive existieron las interrogativas como ¿quieres hacerlo? Y el conformismo ante una negativa. Y por Dios que odio ese tiempo, pero nunca se quejó. Cuando dolía ninguno de los dos tomaba la consideración y de pronto uno convirtió en el juguete sexual del otro para cumplir todas las necesidades en el acto. Aunque, entre los divagues, creyó que la frecuencia con la que tenían sexo había tenido algo de culpa.

“Hey, no me hagas esto.” Pide con un gesto de fastidio en su rostro cuando Ryan lo mira fijamente y sabe que toda su atención está puesta en él.

“Sólo quiero darte un abrazo.”

Y no sabe en qué momento los brazos de Ryan pasaron por debajo de los suyos y lo envolvieron en un abrazo confortante, como le gustan. Se rinde, porque a nadie le va mal un abrazo, sus manos se juntan en su espalda, apretándolo contra su cuerpo y sintiéndolo tan cercas que siente que puede tocar su corazón con eso. Aunque lo hace, siempre lo ha hecho a pesar del mínimo contacto posible. Lo ama, demasiado, más de lo que se ama a sí mismo. Y Ryan también lo ama a él porque lo siente, lo demostró muchas veces, cuando le pidió matrimonio o cada mañana cuando lo primero que veía era su rostro y un “Te amo” escaparse entre un beso de buenos días, o cuando estaba le cantaba al oído una de las canciones mas melosas que pudo imaginare, o cuando hacían el amor y era tan cuidadoso con él temiendo hacerle algún daño, o cuando…

“Ok, suficiente” deja escapar después de unos segundos. Él lo suelta al instante y torpemente deposita un beso sobre sus labios, suave pero húmedo, delicado y dudoso, como si estuviera mal. “Yo también” le dice respondiendo a lo que él beso significo, sonriéndole y acariciándole la mejilla izquierda con el pulgar.

Cuando llega a la puerta donde su maleta lo espera, Ryan lo sigue como si fuera un perrito esperando ser llevado de paseo. Se voltea para mirarlo por última vez y no sabe si es correcto despedirse, porque nunca se había ido antes tan tranquilamente, no sin dejar un portazo y un montón de maldiciones detrás de él.

“Dime algo” pide él con un gesto de curiosidad en su rostro, “¿conservaste tu departamento porque sabías que esto terminaría así?”

“Confié en Wilde” confiesa. Cerrando la puerta detrás de él junto a su maleta.

Cuando regresa a su departamento no entiende que hay de excitante en él, sólo logra recordarle las fiestas que hizo, los dramas que vivió y la inmensa soledad que sentía cuando reparaba que sóo se encontraba él y nadie más. Sonrió con melancolía mirando la sala, podía decir de un instante a otro millones de recuerdos que resguardaban celosamente esos sillones, eran sus cómplices entre disgustos, pláticas y confesiones.

Su celular comenzó a vibrar en sus pantalones con el típico tono clásico que jamás había cambiado. El nombre Ryan reza sobre la pantalla brillante con una foto de él en su apogeo del sueño. “Hola”.

“Hey” escucha decir desde el otro lado de la bocina, su voz parece aburrida, casi puede imaginarlo recostado en el sillón con la cabeza colgando desde el respaldo, “¿Ya llegaste?”

“Sí” afirma recorriendo la cocina, percatándose que necesitaría llenar la nevera.

“¿Y?”

“Tal como lo deje.”

Silencio.
Se pueden escuchar las respiraciones a través del auricular, y el silencio de pronto no es tan duro como antes lo había sido. No es infinito…

“Brendon”

“¿Hum?” responde casi sin responder, disgustado porque las latas de la alacena están caducadas.

“¿Vamos a divorciarnos?”

Una sonrisa aparece en su rostro al instante, arroja las latas a la basura y sigue sonriendo sin poder evitarlo. Apostaría su vida a que Ryan sabe la respuesta, y que una sonrisa nerviosa cruza sus labios cuando simplemente quiere afirmar sus ideas, deja que haga especulaciones y que lo piense determinadamente antes de que la respuesta solo sea de él. Resopla sin ganas y deja que las palabras fluyan de sus labios,

“No lo sé” una risita al instante se escucha en su oído, tan encantadora como la había recordado. Sigue sonriendo y cuando cree que el silencio en una señal de marcar sus drama colgando, su risa se ensancha más…

“¿Paso por ti para desayunar?”

“Seguro”

“Ok”

“Ok”

Cuelga, sonriendo como la primera vez que cayó en la cuenta de que estaba enamorado de Ryan Ross.

“Diablos”.