jueves, 18 de marzo de 2010

"Amnesia"

Autor: Hada Azul
Clasificación: General.
Género: Drama, Romance, Tragedia.




"Amnesia"

Primera parte.
If I lie here.


Cuando el teléfono sonó eran cerca de las cuatro de la mañana. Brendon despertó alterado por el sonido, y a ciegas, dirigió la mano a la mesita de noche. En la pantalla iluminada del móvil el nombre de Ryan resaltaba con grandes letras negras. Pulsó la tecla verde de descolgar y con voz dormida aún empezó a hablar.

—¿Qué es lo quieres, gilipollas? Llevo intentando llamarte días, días, ¿entiendes? ¿Por qué mierdas no me lo has cogido? Sé que estamos peleados y todo lo que tú quieras, pero abandonaste tu banda y desde entonces no sé nada de ti, y sinceramente, no lo veo justo. Así que habla de una vez y dime qué quieres ahora.

Brendon, no soy Ryan —Sonó al otro lado de la línea. —
Soy Pete. Es grave, ven lo más rápido que puedas. Ryan ha... Ryan... Ven, ¿vale? Estoy en el Hospital La Paloma, ¿sabes dónde es?

— ¿Qué? Sí, sí sé donde es... En una hora estoy allí.






El pasillo del hospital era blanco impoluto. Todo era blanco, salvo las personas y las baldosas marrones que dibujaban cuadrados enormes en el suelo. Pete estaba sentado en una incómoda silla de plástico bajo en cartel de la UCI, rodeado de rostros más o menos conocidos.

— ¡Pete! —Llegó corriendo Brendon, apenas sin aliento. — ¿Qué ha pasado?

—Ryan... Ha... Bueno, Ryan ha —Tomó aliento, levantándose y acercándose hasta él. —Tenido una sobredosis.

— ¿Qué? Pero...

—Coca y pastillas. No sabemos si ha sido intencionada o no. Quiero creer que no. Porque te juro que como haya intentado suicidarse, cuando despierte le mato yo.

— ¿Cómo que cuando despierte?

—Es que... Verás, lo encontró Jon hace unas tres horas, y al principió pensó lo peor. Imagínate como se puso... Luego se calmó lo suficiente para darse cuenta de que seguía respirando y llamó a una ambulancia. Lo han traído aquí justo a tiempo. Le han sacado lo que han podido de esa mierda del cuerpo y por lo menos, parece que su vida no corre peligro. Pero...

—Dílo, por Dios.

Pete pareció dudar.

—Está en coma. No saben cuándo va a despertar, si es que lo hace...

Brendon no reaccionó. No gritó, ni empezó a romper cosas. Sólo se dio la vuelta y con paso lento, rodeó una sola vez, sin salirse, la linea de baldosas marrones, antes de desplomarse sobre una silla blanca. Se llevó el puño a la boca, se sujetó con una mano el estómago y empezó a llorar con angustia.









— ¿Desde cuándo lleva allí?

—Desde el primer día. En cuanto lo subieron a planta, se sentó en ese sillón. Tiene que tener la espalda hecha polvo. Sólo lo he visto levantarse para ir al servicio. Todavía no ha salido de aquí. Apenas come y dudo que duerma. Y ha pasado ya casi una semana.

— ¿Por qué está así?

— ¿Por qué? Es Ryan, ¿cómo esperas que esté? Nos guste o no, es el amor de su vida.

— ¿Ha dicho algo?

—Si le hablas te responde, pero por iniciativa propia nada. Cuando hay alguien más en la habitación, pasea la vista entre Ryan y quién haya, y es bastante inquietante, con las ojeras y los ojos como los tiene. Cuando está solo con él, a veces le coge la mano o le susurra cosas, que soy incapaz de oír desde aquí fuera.

—Pobre Brendon. Cómo siga así, va a ser él el que va a acabar mal.

—Supongo que sí. Le quiere demasiado. Si Ryan no... no saliera de esta, creo que lo perderíamos a él también. Y eso que estaban peleados... Te rompe el corazón mirarle. Tiene los ojos vacíos, como si no fuera un ser racional, y no los aparta de Ryan. No ha vuelto a llorar desde el primer día, y eso es lo peor, lo lleva todo dentro, no lo quiere soltar. Ya va para una semana, y ha adelgazado muchísimo. Estoy preocupado por él.






Brendon se apoyaba en el cristal de la ventanilla del coche. No había dicho una palabra. Cuando le habían pedido que fuera a casa, aunque solo fuera para ducharse y cambiar de aire, solo asintió con la cabeza. Nadie se había atrevido a preguntarle nada más. Pete le conducía casi como a un ciego.

Llegaron a la casa, y bajaron del coche. Brendon se fue directo a su dormitorio. Pete le siguió.

—Brendon, ¿estás bien?

—No.

Estaba abriendo el armario, cuando se detuvo. Sus hombros se convulsionaban. Pete pudo escuchar el suave sollozo que empezaba a asomar en sus pulmones. Cuando habló, su voz era entrecortada.

—Aún hay ropa suya en el armario. Tengo una caja en el armario del pasillo de cosas que no se llevó cuando se fue. Soy el perfecto ex-novio, ¿no crees? Sé que no soy nada para él, lo sé, pero... el verlo así... Pete —Dijo volviéndose a mirarlo, el rostro convulsionando, las lágrimas al fin corriendo con ansiada libertad.— Si no despierta... ¿yo que hago?

El mayor no supo que contestar. Abrió sus brazos para él y le abrazó, rodeando su pecho y su espalda con sus brazos, apoyando una mano en su cara y atrayéndola hacia él para besarle delicadamente en la comisura de los labios.

—Todo saldrá bien, ya verás —Intentó consolarle.

Le acarició la espalda y le volvió a besar. Luego bajó la mano y la introdujo por dentro de la tela de la camiseta.

—Por favor, Pete, ahora... no puedo.

—Sí, lo siento – sacó la mano.

Brendon abandonó su abrazo y se fue a la ducha. Pete inclinó la cabeza, su figura oscura en medio de la habitación gris. Inútil, sin saber qué hacer.



Las notas salían de la guitarra lastimeras. Como si el instrumento llorase. Como si reflejara el ánimo del músico. La cama de al lado de la de Ryan había sido desocupada ese mismo día, y aún no había llegado el nuevo compañero. Uno había muerto, el otro a penas vivía. Brendon era consciente de ello, pero tal vez no quería darse cuenta.

Estaba a solas en la habitación, salvo por el cuerpo inerte de Ryan. Entre la música se colaban los intermitentes pitidos que marcaban las constantes vitales del chico. Él, el pelo desparramado por la almohada, su cuerpo pálido vestido de tela blanca antiséptica, esterilizada. Igual que las incómodas sábanas. Los cables que salían de sus brazos. La vía que llevaba a tres sustancias de diferentes colores, que goteaban al par, colgadas al lado de la cama. Y Brendon en el sillón, al lado, como siempre, como llevaba estando esas cinco semanas.

— ¿Te acuerdas de esta canción? —Dijo en voz baja cuando empezó a tocar una nueva. —Esta es especial. Y no sé si me oyes o no, pero... Esta la conoces muy bien.

Tocó a través de los compases de los Beatles, aquel Here comes the sun que empezó el juego entre el sol y la luna. Aquella noche de verano, un poco triste, un poco alegre, a solas salvo con ellos mismos. Cogidos de la mano, sin necesitar nada más que una mirada para comprender.

— ¿Te acuerdas? Fue la primera vez que me besaste. Fue tan extraño...

Dejó la guitarra a un lado, tenía los dedos marcados de las cuerdas. Se levantó y se inclinó sobre Ryan. Observó su rostro de cerca, sus ojos cerrados, su nariz conectada al tubo de respiración asistida. Pasó la mano por el cabello revuelto, recreándose en su tacto. Luego, tímidamente, como si supiera que lo que hacía estaba mal, se inclinó un poquito más, y luego otro poco, hasta que cerró los ojos y acarició los labios de Ryan con los suyos. Adoraba ese tacto, y lo echaba más de menos de lo que creía. Le volvió a besar, e hizo un poco de presión. La boca de Ryan se abrió y él le siguió besando.

Y fue cuando notó que la lengua de Ryan se movía con la suya. Que sus labios se amoldaban a los propios. Que le estaba devolviendo el beso.

Se alejó un poco, para poder ver su cara completa. Tenía los ojos entornados, y dejaban entrever ese verdimarrón tan peculiar y tan hermoso.

—Hola —Dijo con voz ronca.

—Hola —Contestó Brendon, a punto de llorar.

—Ey, ey, ¿por qué lloras?

—Porque... por esto.

Ryan rió un poco.

—Dime, ¿cómo te llamas? No estés triste.





—Es amnesia. Se ve que el cerebro no ha soportado la presión del coma. Aún así, es posible que sea temporal. Al final, acabará recordando, si no todo, gran parte. No hay lesiones, así que por eso no hay problema. Para que lo entiendan, se lo explicaré como si fuera un ordenador. Cuando lo cortas de la luz, has perdido la información que no tenías guardada. Sin embargo, cuando lo vuelves a encender, los programas siguen funcionando. Su mente funciona, sabe hablar, caminar, comer, y todo lo que nos indica el sentido común. Pero no recuerda ni su propio nombre. Algunos programas dan la opción de recuperar esa información perdida, eso es lo que tenemos que hacer. Aún así, creo que será mejor para él dejar el hospital lo más pronto posible. Si no hay problemas, en un par de días le daremos el alta. Sería buena idea que alguno de ustedes, por ejemplo usted, señor Urie, ya que no se ha apartado de él, se quede ahora también con él. Le ayude en todo lo que necesite, ¿entiende? Es una tarea ardua, pero creo que usted es el indicado. En cualquier caso, les pido a todos su colaboración.

Cerró la carpeta y los comparecientes se alejaron.

—Señor Urie —Llamó. — Fue bonito lo que hizo. Despertarle de esa forma. Parece de cuento. Aquí ya se le empieza a conocer como el Príncipe Encantador y al señor Ross como el Bello Durmiente. Es una pequeña broma, espero que no le moleste, pero estas cosas no suelen verse todos los días. No, claro que no transcenderá a la prensa, descuide.






—Ya estamos en casa.

—Es bonita.

—Normal, es tu casa.

Ryan rió levemente. Brendon soltó su maleta en el suelo.

—Este es el salón, por allí está la cocina, al fondo el baño. Ese dormitorio de allí es el tuyo, el de al lado, es el de invitados, y es dónde me quedaré yo, ¿vale?

Ryan parpadeó, sorprendido.

—Pensaba que íbamos a dormir juntos.

— ¿Qué?

—Bueno... no somos... ¿novios? —Preguntó con cautela.

Brendon suspiró.

—No. Ya no. Hace un tiempo... pero ya no.

—Oh... Pero... tú me besaste —Repuso.

—Lo sé. Fue... un acto imprudente, aunque no me arrepiento —Se rascó la nuca nervioso. — Bueno, estarás cansado... Yo me voy a la ducha y después a dormir. Buenas noches —Sonrió.

—Buenas noches —Respondió Ryan con la cabeza gacha.

Brendon ignoró el gesto y se metió en su nueva habitación. Deshizo la maleta, y colgó la ropa en el armario. Se paró a pensar que todo era una gran locura antes de desnudarse y meterse en la ducha. Allí con el agua, siguió pensándolo. Luego se acordó de la cara de Ryan en coma, y un escalofrío le recorrió por completo. Cortó el agua, y enrollándose una toalla a la cintura, salió. Asomó la cabeza por la puerta y miró a la izquierda. Del cuarto de Ryan salían ruidos. Sonrió con tristeza.

Se puso los pantalones del pijama, sin camiseta, era agosto, y se sumergió en las sábanas. Llevaba más de un mes sin dormir en una cama de verdad. El colchón le era casi extraño, la cama que él había probado en esa casa era la de Ryan, más de una vez y más de dos. El sueño arremetió contra él sin apenas darse cuenta.

En lo que le pareció un segundo, pero en realidad fueron varias horas, alguien llamó a la puerta y le despertó.

—Lo siento —Dijo en un susurro Ryan.

—No pasa nada... ¿Qué quieres? —Respondió el moreno con voz soñolienta.

— ¿Puedo... dormir contigo? —Siguió susurrando.

— ¿Qué? Pero Ryan, esta es una cama de 90...

—Tengo miedo, Brendon.

Su voz estaba cortada, y eso bastó para que Brendon se incorporara y le hiciera hueco en el colchón. Ryan se tumbó en él. Era tan poquita cosa que cabían los dos y aún quedaba espacio. Aún así el mayor se refugió en el pecho desnudo del otro. Cerró los ojos. Brendon lo observó con la luz de una farola que entraba por la ventana abierta de par en par. Su rostro le recordó demasiadas cosas. Su cuerpo sabía cómo amoldarse a él. En medio de su pecho, un dolor extraño. Se durmió pronto y en sus sueños aparecía él.

Cuando despertó, era ya tarde. El sol hería sin piedad las formas de su cuerpo, y estaba solo en la cama.

Se levantó, aletargado, los músculos aún durmiendo y se desperezó, la cintura del pantalón cayendo más abajo de la cintura. Sin lavarse la cara salió de la habitación, en busca de Ryan.

—Ey, buenos días.

—Buenos días —Respondió apoyándose en la puerta de la cocina, sin fuerzas ni ganas para incorporarse totalmente. Estaba reventado. Abrió los ojos para poder enfocarle y hubo algo que no encajó. — ¿Qué es eso que llevas puesto?

—Lo único que encontré en mi armario que me gustó. ¿Por qué no tengo nada normal que ponerme?

—Por que eres raro, Ross. Pero eso es mío. Y yo no lo he traído.

—¿Es tuyo? Vaya, ¿te importa? Me queda bien de tamaño y eso. Estaba en el armario de mi habitación, no sé que hacía ahí...

Brendon dejó de escuchar. Parecía que él no era el único buen ex-novio...






—Está loca —Le murmuró al oído a Brendon.

—No está loca, sólo es canadiense. Dale una oportunidad, nos puede ayudar a recordar algo.

—Vamos, sé razonable. ¿Cómo nos va a ayudar?

—Haz el favor de poner de tu parte.

Ryan suspiró y volvió a prestarle su atención a la chica mona rubia que estaba sentado a lo indio en el sofá. Ni siquiera había notado el cuchicheo. Seguía y seguía hablando de cosas de una relación que no recordaba, y que de hecho, le parecía improbable. Porque, seamos razonables, pensaba, teniendo a Brendon, ¿qué persona en sus santos cabales saldría con ella? O con cualquier otra persona...

Allí había algo que se le escapaba, estaba seguro, y no era capaz de verlo. Miró a su izquierda y vio a Brendon concentrado en la historia que Keltie contaba. Deslizó suavemente su mano hasta que rozó sus dedos. Él respondió, sin mirar siquiera, encerrando sus dedos con los suyos.





—Ven —Le llamó.

Ryan acudió curioso. La habitación en un principio estaba destinada a ser un dormitorio, pero al no dársele uso, la había remodelado convirtiéndola en una biblioteca-sala de música. Había dos estanterías grandes, una con libros y otra con CD's y vinilos. También había un ordenador, un estéreo de muy buena calidad, un sofá grande y tres guitarras apoyadas contra la pared. Cuando estuvieron juntos, más de una vez Brendon y él habían pensado en hacer hueco para un piano de pared. Pero al final no hubo tiempo.

Brendon estaba delante de la estantería de discos, sacando unos y dejando otros, apilándolos sobre el estéreo. Sin hacer demasiado caso a Ryan, escogió uno y lo puso en el reproductor.

—Esta es la música que te gusta. El médico dijo que a lo mejor cosas de este estilo funcionaban.

Pulsó el play y la música empezó a sonar. Se sentó en el sofá y Ryan le siguió. Se dejó caer sobre su hombro, y Brendon se permitió pasar un dubitativo brazo sobre sus hombros. El mayor cerró los ojos, mientras el corazón de Brendon se aceleraba. De repente, la expresión en el rostro de Ryan se crispó.

— ¿Qué pasa?

—Recuerdo algo...

— ¿Sí? ¿En serio? —Exclamó entusiasmado Brendon. — ¿Qué es?

—Es... Bueno... Te recuerdo a ti.






—Quiero que me enseñes a tocar la guitarra.

Brendon levantó la mirada de la televisión.

— ¿Qué? ¿Yo a ti?

—Brendon, por favor —Suspiró Ryan.

—Ah, bueno, sí, claro. ¿Cuándo?

— ¿Ahora?

Brendon lo pensó un instante.

—Claro, vamos.

Apagó la televisión y se levantó. Fueron a la biblioteca y allí Ryan escogió una de las guitarras, la que era su favorita, y Brendon se preguntó si lo sabría o sería su subconsciente. Se sentaron los dos en el sofá, hombro con hombro, la guitarra sobre ellos.

—A ver... —Empezó Brendon. — Lo primero que tenemos que hacer es la colocación de las manos... Mira, así.

Cogió la guitarra y después se la pasó a Ryan. Pasó un brazo tras el suyo, cubriendo su mano y posicionándola bien, y con la otra igual. Cuando se dio cuenta, sus caras estaban a menos de milímetros de distancia y la respiración de Ryan se chocaba con la suya. Se le nubló el pensamiento un instante.

Fue guiándole por los distintos acordes, y tras eso empezó a tocar con sus manos una canción inocente.

—Eh, de esta me acuerdo... ¿No era la que estabas tocando cuando me desperté?

Brendon se quedó paralizado, y sin embargo, las manos debajo de las suyas, siguieron la canción sin perder o fallar una sola nota. Se apartó y le miró sorprendido, hasta que al final Ryan acabó, mirándole con una sonrisa inocente ante su mirada incrédula.

—No... no sé como lo he hecho... —Dijo con un hilo de voz.

El moreno le miró a los ojos. Si antes había perdido la capacidad de pensar, ahora era la de respirar. Sin darse cuenta, se adelantó un poco, mientras Ryan hacía lo propio, cerrando los ojos. Sus labios se encontraron sin mayor esfuerzo, besándose como si hubieran sido hechos el uno para el otro. Le encantaba el sabor de Ryan. Se separaron y suspiró con fuerza. Ryan le volvió a besar, y no quiso rechazarle. De hecho, en esos instantes se le antojaba una atrocidad.

¿Por qué había tardo tanto en hacer esto?






—Evoluciona favorablemente. Mejor de lo esperado. Este proceso podría durar años como mínimo, y el señor Ross lleva un ritmo increíble. Creo que esto tiene bastante que ver con su ayuda. Está haciendo un trabajo impresionante. Esto es todo lo que tengo que decirle, nos veremos la semana que viene para el chequeo. Hasta entonces —Hizo una pausa— Espero que todo les vaya bien. Esto es fuera de mis competencias... pero hacen ustedes una pareja perfecta.





—Ya es tarde, vamos a dormir —Dijo Brendon, cuando Ryan dejó libre su boca para bajar sus labios por su cuello.

—No. —Se quejó.

—Vamos, Ryan. —Intentó incorporarse.

—Está bien. Podemos ir a la cama... pero no quiero dormir —Le miró maliciosamente, y entonces Brendon entendió. — ¿Te parece bien? —Dijo antes de volver a pasar su lengua por su cuello hasta morder el lóbulo de su oreja. Aquello era más de lo que Brendon podía resistir y Ryan lo sabía.

—Un día me vas a matar, Ross —Accedió, levantándose, intentando no hacer caso al bulto que había empezado a crecer por cuenta propia en su entrepierna.

Se dirigieron a la habitación de Ryan, cogidos de la mano, entre besos y nervios en la boca del estómago. No es que fuera la primera vez, ni mucho menos, pero lo parecía.

Se tumbaron en la cama y Ryan se abalanzó contra él, poniendo su cuerpo encima, abriendo los botones de la camisa de Brendon y trazando un camino descendente de besos y saliva, soplando sobre ella para hacer que el cuerpo bajo el suyo se estremeciera. Brendon se terminó de quitar la camisa y la arrojó a algún punto indefinido de la habitación, mientras Ryan ya iba por debajo de su ombligo, y sus manos se movían para desabrochar su pantalón. Justo entonces se paró.

—Hay un problema, Brendon... —Él le miró, tragando saliva, incapaz de articular palabra. — Es que... En fin... Me tienes que enseñar —Rió.

Brendon también rió. — ¿En serio no sabes...? —Ryan negó sonriendo abiertamente. — Entonces déjame a mí...

Ryan se incorporó y atrapó su boca con la suya, y sin necesidad de separarse, Brendon le fue desnudando poco a poco, entreteniéndose en tocar cada trozo de su piel que se quedaba al descubierto. Al fin cayó la ropa interior y Brendon separó sus labios, guiñándole un ojo y perdiendo su cabeza en su estómago, bajando cada vez más. Ryan se tumbó, su cabeza sobre la almohada una sonrisa nerviosa e inocente aún en su cara.

Brendon bajó un poco más, colocando una mano en la base de la zona más íntima de Ryan, y antes de dudarlo o arrepentirse, se la metió en la boca. Ese sí que era un sabor que hacía tiempo que no probaba. Ryan se curvó bajo él, las manos aferradas a la sábana. Brendon sabía lo que hacía, y siguió recorriendo, de arriba a abajo, o dando vueltas con la lengua por la punta, todo el miembro de Ryan. Le podía oír, y solo ese sonido le recordaba tantas cosas que le costaba concentrarse. Siguió lamiendo hasta, que sin previo aviso, Ryan se corrió en su boca. Se atragantó un poco y se tragó gran parte del semen. Ryan yacía como sin vida, los ojos cerrados y el pelo sudoroso. Brendon se puso a su altura y le besó.

—Ey... Sabes a mí.

—Gírate —Le susurró Brendon. Ryan se apresuró a hacerle caso, y pronto unos dedos se deslizaban por toda su columna hasta el fin de su espalda. Brendon abrió el cajón de la mesita de noche y sacó el lubricante y un condón.

—No sabía que eso estaba ahí —Dijo Ryan, mirándole con curiosidad. — ¿Qué vas a hacerme?

Brendon no respondió. Sólo abrió el tubo y extendió el frío fluido por sus dedos. Entonces, todo lo lentamente que pudo, lo llevó a la entrada de Ryan y presionó. Pudo notar el inmediato rechazo que su cuerpo hacía, y subió la otra mano hasta su espalda, masajeándola para que se relajara. Surgió efecto e introdujo otro dedo, haciéndose hueco, llegando un poco más al fondo hasta que... ahí estaba. Ryan gimió de placer. Introdujo otro dedo, y otra vez llegó hasta ese punto.

—Date la vuelta, quiero poder mirarte a la cara... —Siguió susurrando. Ryan se dio la vuelta y Brendon le colocó las piernas sobre sus hombros. — Esto te va a doler un poco.

Se puso el condón y extendió el lubricante. Luego, lentamente, entró en el cuerpo de Ryan. No era su primera vez, por lo que su cuerpo estaba más acostumbrado a la sensación y no tardó mucho en acostumbrarse a Brendon en su interior. Para su sorpresa, Ryan empezó a reír. Lentamente, mientras Brendon le hacía el amor, de su garganta emergían pequeños gemidos y risas suaves.

—Se me había olvidado... —Dijo Brendon.

— ¿El qué?

—Que te reías cuando hacíamos el amor. Es de los mejores sonidos que he escuchado jamás.

Se inclinó para besarle, ahogando ambos un gemido, intentando mantener un ritmo, y conteniéndose para que aquello no acabase. Pero acabó, en una marea blanca desparramada por sus cuerpos y las sábanas que no se molestaron en limpiar. Brendon salió de él, se quitó el condón y se tumbó a su lado, besándole.

—La mayoría de hombres solo gritan y gimen sin sentido. Tú eras especial, era de las cosas que más me gustaba de ti —Le dijo mirándole con cariño a los ojos.

— ¿Por qué lo dices en pasado?

—Dejaste de hacerlo... Un día... Ya no estabas tan contento... Yo no conseguía hacerte feliz...

— ¿Por qué cortamos, Brendon?

—Dejaste de quererme —Repuso simplemente.

— ¿Cómo pude hacerlo?

Brendon se encogió de hombros.

—Lo hiciste. Hace... medio año o así, me dijiste que ya no me querías más, que ya no querías estar con alguien como yo... y se acabó.

Ryan se mordió el labio y se apresuró a besarle.

—Lo que sea. Ahora estoy aquí, ¿vale? —Brendon asintió. — Cuéntame nuestra historia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ke... miedo...

Anónimo dijo...

Haaa que lindo, hicieron que mi corazón latiera a 1000, haa que romántico!!!